Agricultura extensiva
Cereales
y oleaginosas
Breve
descripción de la actividad forestal en Argentina
Breve resumen sobre la pesca en Argentina
Breves comentarios relativos a la actividad minera en
Argentina
Agricultura
extensiva
La agricultura extensiva constituye una de las actividades
económicas más importantes en el país. Se cultivan alrededor de 35 millones de
hectáreas entre cereales oleaginosas, cultivos industriales, hortalizas y frutas.
Alrededor de 26 millones de hectáreas se destinan a cultivos de producción extensiva
como cereales y oleaginosas. Ambos tipos de cultivos conforman uno de los renglones más
importantes de la economía argentina. (SAPyA).
La producción extensiva de cereales y oleaginosas tiene
lugar fundamentalmente en la región pampeana. Dentro de ella, la potencialidad productiva
decrece hacia el oeste, en función de una disminución de precipitaciones anuales
promedio y la existencia de suelos de menor capacidad de retención del agua.
En el período comprendido entre los ciclos agrícolas
1990/91 y1996/97, el volumen de producción de cereales experimentó un crecimiento del 64
por ciento, mientras que la producción de oleaginosas creció el 4,8 por ciento. La
superficie sembrada con cereales y oleaginosas mostró aumentos del 32,9 por ciento y el
24,5 por ciento, respectivamente. (SAPyA)
La cosecha de granos de la campaña 1996-1997 superó las
53 millones de toneladas, lo que constituyó el registro más alto de la serie, y
representó una suba del 38% con respecto al volumen del anterior ciclo agrícola. Este
resultado se obtuvo a partir del incremento en el área sembrada y de un ligero aumento en
los rendimientos medios por hectárea. La suba en la producción estuvo difundida entre
los principales cultivos, con la única excepción del sorgo (cuya producción venía ya
mostrando una tendencia declinante).
La producción de granos se vio estimulada por la
evolución de los precios internacionales (cuyas perspectivas, al margen de impulsos
coyunturales, fueron fortalecidas por el acuerdo de los países europeos en el marco de la
Ronda Uruguay a ir reduciendo sus subsidios). Ese comportamiento mejoró los precios
relativos de la agricultura en términos de los insumos del sector, y también con
respecto a la ganadería vacuna. Las expectativas favorables acerca de la actividad
agrícola se reflejaron en una sostenida demanda en el mercado de tierras, donde se
volvió a notar una activa presencia de inversionistas del exterior.
A su vez, desplazó a la ganadería hacia zonas más
marginales e incorporó a la producción agrícola suelos de clase II a IV y
predominantemente con prácticas de manejo inadecuadas, con la consiguiente degradación
de los ecosistemas por degradación de los suelos y pérdidas de la biodiversidad (Gallo
1996).
Tradicionalmente la estructura productiva incluía
rotaciones agrícolo-ganaderas. En los últimos años se vino apreciando una difusión de
cambios tecnológicos en una variedad de cultivos, con un mayor empleo de insumos (tales
como fertilizantes y agroquímicos) y modificaciones en los métodos de labranza y en los
tipos de semilla utilizados (uniformidad del germoplasma) , aunque tal vez esos cambios no
alcanzaron homogéneamente a diferentes categorías de explotaciones. La ruptura de la
sucesión agricultura - ganadería obliga al uso de fertilizantes sin el conocimiento
necesario respecto a la reacción de los suelos receptores. Esto constituye una
externalidad aún no estimada bajo criterios de sustentabilidad del sistema.
La utilización de fertilizantes durante el presente año
se estima será levemente inferior a la del ciclo precedente, no superando 1.550.000
toneladas. Por su parte, la incorporación de tractores y cosechadoras durante 1997
mantuvo similares valores a los máximos históricos, con una incorporación de 1165
cosechadoras y 6769 tractores.
Los denominados cultivos industriales tienen gran
relevancia para la economía de las regiones extra pampeanas, especialmente para las
provincias del Noreste (NEA) y el Noroeste (NOA). A nivel nacional, estos cultivos
participan con el 15,6 por ciento del Producto Bruto agrícola y con el 7,9 por ciento del
Producto Bruto sectorial.
El algodón se desarrolla principalmente en la Provincia
del Chaco, el tabaco en la región del Noroeste (NOA), y en la Mesopotamia, la yerba mate
en Misiones y Corrientes en consociaciones con el té, el tung, los cítricos y especies
forestales. La caña de azúcar se localiza fundamentalmente en el NOA especialmente en la
provincia de Tucumán. El olivo y la vid en la zona de Cuyo.
La producción argentina de frutas es de suma importancia
para las economías de las zonas extra pampeanas. En 1996, el sector frutícola participó
aproximadamente con el 12,5 por ciento del Producto Bruto agrícola y con el 6,4 por
ciento del producto bruto sectorial. Y, por otro lado, el ingreso de divisas proveniente
de las exportaciones de frutas frescas se duplicó durante el transcurso de esta década,
alcanzando en 1996 los 475 millones de dólares.
La producción citrícola se desarrolla fundamentalmente en
la región mesopotámica (43 por ciento del total) y en la región noroeste del país (47
por ciento), la de frutales de pepita se concentra principalmente en la región del
Comahue, en especial en el Alto Valle del Río Negro y la vid se concentra principalmente
en la zona de Cuyo, en las provincias de Mendoza y San Juan.
La fruticultura se caracteriza por la posibilidad de estar
presente todo el año en las mejores épocas de consumo en los países europeos, por la
variedad de climas a los largo de todo el país. Sin embargo en la última década el
sector se ha caracterizado por el estancamiento de la superficie cultivada y de la
producción obtenida 7,7 millones de toneladas anuales de frutas. Este proceso coincidió
con el estancamiento del consumo interno (270 kg/persona/año) a contramano de lo aue
ocurre en el resto del mundo donde ha aumentado a más de 360 kg/año. Este proceso se
explica por la falta de adecuación de los productores a las demandas más exigentes de
los consumidores locales y en particular del exterior en materia sanitaria y de calidad
uniforme de la producción (como hacer compatible la uniformidad del producto que demanda
homogeneidad genética y de manejo con la biodiversidad).
Las hortalizas y legumbres participan con el 17,6 por
ciento del Producto Bruto agrícola y con el 9 por ciento del Producto Bruto de todo el
sector agropecuario. Argentina produce una gran variedad de hortalizas, destinadas
principalmente al consumo interno, por lo cual su producción tiene lugar en los
cinturones verdes que rodean los grandes centros poblados.
A su vez existen cultivos hortícolas extensivos en
distintas áreas del país que poseen una importancia regional, por ejemplo la papa en el
sudeste de la provincia de Buenos Aires y en la provincia de Córdoba, el ajo en la zona
cuyana, la cebolla en el sur de la provincia de Buenos Aires, el tomate en regiones como
Cuyo, Río Negro, (con tomate para la industria de conservas) Corrientes y el Noroeste
Argentino (NOA) con producción de primicia para consumo fresco.
También en el Noroeste Argentino (NOA), especialmente en
la provincia de Salta, se produce poroto.
La ganadería vacuna en Argentina representa el 55,5 por
ciento del Producto Bruto pecuario y el 21 por ciento del Producto Bruto correspondiente a
Agricultura, Caza, Silvicultura y Pesca. El país es uno de los productores y exportadores
de carne vacuna más importantes del mundo: cuenta con un stock bovino cercano a 51
millones de cabezas y logra una producción de carne vacuna de 2.400.000 toneladas
anuales. El consumo interno, muy importante en este rubro, demanda más del 80 por ciento
de esa producción.
El crecimiento del diferencial de rentabilidad entre la
agricultura y la ganadería, y la disminución del consumo interno, ( por cambios en la
dieta, que volcaron la demanda hacia alimentos escasos en colesterol o por la disminución
del ingreso familiar pasando de un promedio en la década del 70 de 78,7 kilogramos
anuales per cápita a uno de 55,7 kilogramos en 1996), fueron las causas más importantes
para una disminución del stock de ganado bovino, de 52,4 millones de cabezas en 1991 a
50,8 millones en 1996. Esta reducción se aceleró por la sequía producida en 1995.
En 1997 la Argentina fue reconocida como país libre de
aftosa, con vacunación.
Sistemas de Producción
La producción bovina se localiza principalmente en las
regiones pampeana y noreste del país, de clima húmedo y subhúmedo. Allí están
situadas más del 90 por ciento de las existencias de vacunos.
La distinta aptitud de las regiones ganaderas produjo una
subdivisión del proceso productivo. A la cría, se destinan las áreas con menor aptitud
para los cultivos. La segunda etapa, denominada invernada, se realiza principalmente en
zonas con forrajes de mayor calidad, a base de pasturas permanentes y cultivos
estacionales. Esta especialización zonal y regional determina la existencia de
importantes desplazamientos de animales desde las zonas de cría a las zonas de invernada.
La carne argentina está considerada entre las mejores del
mundo y esto se debe a que la base de la producción ganadera es el pastoreo. En las
explotaciones típicas de la región pampeana, los animales se alimentan con una sucesión
de cultivos denominada "cadena forrajera", integrada por campo natural y/o
pasturas permanentes de gramíneas y leguminosas, generalmente en base a alfalfa, cultivos
forrajeros de invierno y de verano (centeno, avena, cebada, sorgos forrajeros, maíz y
moha de Hungría) y rastrojos de cultivos agrícolas (cereales de invierno, maíz, soja,
sorgo granífero y girasol).
En la época invernal, de escasez de forraje, la
alimentación es complementada con heno en forma de fardos y, en algunos casos, con
granos. En la medida en que las explotaciones ganaderas cuentan con un sistema menos
elaborado de producción, es mayor la proporción del campo natural y se recurre menos a
los cultivos forrajeros para la alimentación de los animales. Fuera de la región
pampeana, la utilización de praderas permanentes es menor, basándose la producción en
el campo natural.
El método aplicado generalmente es el pastoreo continuo
(con la consiguiente selectividad y variación en la composición de especies de las
comunidades en los campos naturales). Pero desde hace muchos años se están difundiendo
los métodos de pastoreo racional alternativo y racional intensivo, con la ayuda del
alambrado eléctrico. Su utilización es progresiva, pero mucho más generalizada en
establecimientos de invernada.
Los índices productivos son muy variables. En las zonas de
invernada de la región pampeana, la producción anual de carne se encuentra entre los 250
y los 300 kilogramos por hectárea. En las zonas de cría, el promedio de ganancia anual
de peso está en el orden de los 80 kilogramos por hectárea.
La ganadería vacuna, en particular la orientada al mercado
interno no contó hasta ahora con un panorama favorable en materia de precios, lo cual se
manifestó en la recurrente declinación del stock, el desplazamiento hacia áreas
marginales no aptas para la agricultura o hacia la explotación tambera. Se elevó la
oferta de hembras para la faena, acentuando el proceso de liquidación.
La actividad tambera está en etapa de replantear sus
características productivas relocalizándose en zonas no tan óptimas.
Dentro del ganado bovino existen razas denominadas
"locales" o "nativas". El Criollo Argentino , originado en el ganado
que ingresaron los colonizadores españoles y que durante cuatro siglos se adaptó a las
diferentes zonas de nuestro país, desarrolló en este proceso condiciones de alta
rusticidad, por las que se destaca hoy en día. Hacia fines del siglo pasado poblaba todo
nuestro país. Con el advenimiento de las razas británicas, más productivas, fue
desplazado a zonas marginales, en las cuales hoy todavía se produce. Se reconocen al
menos tres tipos de Criollo: el Chaqueño, de tamaño mediano y alta rusticidad; el
Jujeño de menor tamaño y adaptado a condiciones de mayor altura y el Patagónico
(recientemente descubierto) bien adaptado a climas muy fríos. Los estudios sobre el
bovino Criollo empezaron en la década del 50. Actualmente se conservan criogenéticamente
embriones en dos bancos de germoplasma. (Agrobiodiversidad. Conservación y Utilización
Sustentable de los Recursos genéticos Informe Campo y Tecnología)
Ovinos
El desarrollo de la producción ovina en Argentina está
íntimamente ligado a la producción y exportación de lanas, ya que la mayor parte de las
majadas del país se utilizan para ese fin o con doble propósito (lana y carne). Si bien
la participación de la ganadería ovina en el Producto Bruto Agropecuario no es de
relevancia, es la actividad más importante en la región patagónica, que posee casi el
60 por ciento de las existencias de ovinos. Le siguen en importancia la región pampeana,
con el 27 por ciento del stock, la Mesopotamia, con el 11 por ciento, y la región
noroeste (NOA), con el 2 por ciento del total de cabezas ovinas.
Sistemas de producción:
En la región patagónica, las restricciones del ambiente
determinan que la cría de ganado ovino sea la actividad agropecuaria dominante e,
incluso, casi la única que se desarrolla en grandes extensiones. La Patagonia cuenta
aproximadamente con 9 millones de cabezas, que producen más del 72 por ciento de la lana
fina y cruza fina del país.
En la zona norte de la Patagonia, provincias de Neuquén y
Río Negro, las majadas cuentan con un importante porcentaje de capones, pues están
orientadas principalmente a la producción de lana, siendo la carne un subproducto de la
actividad.
En la Patagonia sur, provincias de Chubut, Santa Cruz y
Tierra del Fuego, la carne también tiende a ser un subproducto, con excepción de Tierra
del Fuego y el sur de Santa Cruz, donde la producción también está enfocada a la
obtención de corderos.
Los tamaños de la explotación característica se definen
según el número de cabezas ovinas que posean. En Neuquén, Río Negro y Chubut, los
establecimientos cuentan en promedio con entre 2.500 y 4.500 ovinos. En Santa Cruz y
Tierra del Fuego, mientras tanto, el promedio por establecimiento ronda los 7.000
animales.
En la región mesopotámica que detenta el 11 por ciento de
las existencias nacionales la mayor concentración de ovinos se encuentra en el norte de
Entre Ríos y el centro y sur de Corrientes. El 80 por ciento de los productores de esas
zonas utiliza como sistema de producción la cría mixta (actividad ovina en
complementación con la bovina). En estos casos, el objetivo de la producción ovina es
tanto la obtención de carne como de lana,
La región Noroeste abarca las provincias de Salta, Jujuy,
Tucumán, Catamarca y La Rioja es la de menor importancia en cuanto a la actividad ovina.
En general, los establecimientos con lanares de esta región, en la que predomina la raza
Criolla, son de tipo familiar de subsistencia. La oveja, entonces, provee alimento,
vestimenta y materia prima para artesanías locales. En muchos casos, los productores con
ovinos poseen también en sus establecimientos caprinos y camélidos sudamericanos,
realizando un manejo conjunto.
La persistencia en la caída de los precios internacionales
de la lana verificada a principios de la década, los efectos del sobrepastoreo con la
disminución de la receptividad, y los procesos de desertificación, incidieron
fuertemente en la producción ovina de la región patagónica, principal productora de
lana del país. A esta situación se sumaron serios problemas climáticos que afectaron al
sector y, en consecuencia, a las exportaciones de lana.
En los últimos años, la región pampeana también redujo
su stock ovino y, por ende, su producción de lana. En este caso colaboró la sustitución
de esta actividad por otras más rentables, como la agricultura o la ganadería bovina.
Breve
descripción de la actividad forestal en Argentina
Los aportes económicos no reintegrables destinados a
acrecentar el capital forestal del país en bosques de cultivo suman desde 1992 a la fecha
un valor de $43,3 millones correspondientes a una superficie efectiva forestada y
verificada de 85.888 hectáreas
La principal región forestada es la Mesopotamia, ya que la
provincia de Misiones representa el 25,6 por ciento de la superficie total implantada del
país, Corrientes otro 19,6 por ciento y Entre Ríos el 11,6 por ciento. Esta región, por
su ubicación geográfica, se constituyó como el polo forestal con mejores posibilidades
de inserción en el Mercosur.
En la provincia de Buenos Aires, con el 18,8 por ciento de
la superficie implantada a nivel nacional, existen zonas forestadas con pinos y
eucaliptos. En este caso, se trata de un polo con una relevante potencialidad exportadora,
debido a su cercanía con centros importantes de consumo y con los puertos.
Otras regiones con importantes niveles de desarrollo
forestal son el Delta del Paraná, con 75.000 hectáreas de salicáceas; la zona serrana
del Valle de Calamuchita, con 35.000 hectáreas de coníferas; las zonas de riego de Cuyo,
las provincias de Río Negro y Neuquén (coníferas) ; y el Noroeste Argentino (NOA),
donde son frecuentes las forestaciones de pinos y eucaliptos.
La superficie de bosques implantados ha crecido
significativamente en los últimos años debido a la prioridad asignada por el gobierno
nacional al sector y las consecuentes políticas de fomento aplicadas. En 1992, de hecho,
se estableció el Régimen de Promoción de Plantaciones Forestales por el cual se otorga
un apoyo económico no reintegrable para la realización de plantaciones y tareas de podas
y raleos en determinadas zonas.
En el país se ha establecido una importante industria
forestal consistente en aserraderos, carpinterías y mueblerías, así como industrias de
celulosa y papel.
Gracias a las condiciones agroecológicas con que cuenta el
país, la actividad forestal en Argentina permite obtener rendimientos muy superiores a
los logrados en otros países forestales importantes. Es así que pueden obtenerse
crecimientos de 25 metros cúbicos por hectárea al año en álamos en el Delta del
Paraná o de 40 metros cúbicos anuales por hectárea en eucaliptos en la Mesopotamia.
Estos excelentes crecimientos permiten que los turnos de corta sean sensiblemente más
reducidos, con la favorable consecuencia financiera en cuanto al retorno de la inversión.
Con la cooperación de la Unión Europea (UE), por otro
lado, el gobierno nacional ejecuta el Proyecto de Desarrollo Productivo de la Madera, por
el cual se difunde la tecnología en bosques de cultivo de alta calidad, se apoya a la
industria en la primera y segunda transformación de la madera, y se implementan
estrategias para el marketing y formación comercial. Paralelamente, el Proyecto Forestal
de Desarrollo cofinanciado por el Banco Mundial (BM) permitió apoyar al sector en la
realización de inventarios de recursos, mejoramiento genético, aplicación de nuevas
tecnologías de manejo forestal, análisis de mercados, fortalecimiento de los sistemas de
transferencia tecnológica a los productores, y certificación de material de
reproducción.
Breve
resumen sobre la pesca en Argentina
La zona económica continental está formada por la
superficie epicontinental y su talud adyacente.
La flota pesquera argentina se compone de embarcaciones
costeras y de rada o ría, buques fresqueros y buques procesadores, en función de su
tamaño, autonomía y modalidades de operación. Este último grupo, a su vez, se puede
categorizar en congeladores y factorías.
La pesca costera, la pesca artesanal y la extracción de
macroalgas forman un complejo mosaico de actividades económicas de pequeña escala,
basadas en un uso extractivo de componentes de la biodiversidad costera.
Entre los 41° y 52° LS, de 800 a 900 pescadores capturan
y desembarcan 55 especies de peces y mariscos, y se cosechan dos especies de macroalgas
para la industria. Al menos otras 100 especies son afectadas en forma directa por estas
actividades extractivas.
Durante 1996, se declararon desembarcos totales de más de
800.000 Tn. de recursos pesqueros en todo el Mar Argentino, con exportaciones equivalentes
a más de 1000 millones de U$S.
El 96% de estos desembarcos totales proviene de las flotas
de congeladores y factorías, que operan en la plataforma continental (ZEE),
principalmente sobre los stocks de merluza hubbsi, langostino, calamar y otras especies.
Las pesquerías costeras y artesanales, tienen un bajo o
moderado impacto sobre la biodiversidad, y por causas combinadas de su actividad y de la
flota de gran altura, enfrentan un deterioro general de su base de recursos. Estas
pesquerías capturan unas 100 especies, de las cuales se arrojan al mar ejemplares de 83
de ellas.
Alrededor de 9000 de las 36000 tns/año capturadas por la
flota costera, son arrojadas al mar (descartadas). Estas pesquerías, por otro lado, no
parecen tener un impacto significativo sobre las poblaciones de aves y mamíferos marinos.
Al menos, 22 especies de aves marinas se asocian a las operaciones de pesca, la mayoría
de ellas para aprovechar el descarte pesquero.
Por el contrario, la pesca de altura parece tener un mayor
impacto sobre la biodiversidad del Mar Argentino, en virtud de la mayor capacidad
extractiva de este segmento de flota y del mayor volumen de desembarcos que la misma
produce.
En 1994, se aprobó el acuerdo en materia de pesca
marítima suscripto con la Unión Europea para generar distintas alternativas de
operación conjunta entre firmas argentinas y comunitarias. Los objetivos de este acuerdo
están centrados en la cooperación económica, comercial, científica y técnica en el
sector de la pesca, como así también la cooperación intergubernamental para la
conservación racional de los recursos pesqueros.
Breves
comentarios relativos a la actividad minera en Argentina
Hasta 1992 el sector minero se desarrollaba en un marco de
excesiva presencia del estado. Las principales minas estatales se encuentran en Jujuy,
Catamarca y Río Negro (hierro, oro y plata). La actividad estaba fuertemente regulada y
evolucionaba al amparo de subsidios.
Asimismo, se evidenciaba la ausencia de una legislación
ambiental global, particularmente dentro del ámbito de la actividad económica minera,
generándose la necesidad de gestar seguridad jurídica que condujeran a homogeneizar las
normas de protección ambiental para los emprendimientos mineros en todo el país.
Las rocas de aplicación representan el 65% del total del
valor de la producción del sector, los minerales no metalíferos, el 25%, los minerales
metalíferos, el 9% y las piedras semipreciosas no llegan al 1%.
Las principales minas metalíferas están en Jujuy , San
Juan y Río Negro (cobre, zinc, plomo, estraño, oro y plata).
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