Discurso de apertura de la
Presidente del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales
Sra. Hilda Gonzalez de DuhaldeSeñor Presidente del
Honorable Senado de la Nación, Senador Juan Carlos MAQUEDA.
Señores Representantes del Poder Legislativo Nacional.
Señores Ministros, Secretarios, Embajadores, Directores, Funcionarios Técnicos del
Gobierno Nacional.
Señores Presidentes y representantes de Entes Descentralizados y de los diferentes
Consejos Federales.
Señores Miembros del Grupo Consultivo Honorario de la Secretaría de Ambiente y
Desarrollo Sustentable.
Señores representantes de la Unión Industrial Argentina y del Consejo Empresarial
Argentino para el Desarrollo Sostenible.
Como Presidenta del CONSEJO NACIONAL DE COORDINACION DE POLITICAS SOCIALES tengo
el agrado de dar a Ustedes la bienvenida a este Taller que hemos convocado bajo un lema
particularmente significativo: "Hacia una Argentina Sustentable".
El pasado 4 de septiembre, en Sud
Africa, culminó la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible organizada por Naciones
Unidas, de la que participaron aproximadamente 40.000 delegados gubernamentales y no
gubernamentales de todo el mundo.
Sin lugar a dudas, esta Cumbre
resultó un hito significativo en el difícil y complejo camino hacia un nuevo modelo de
desarrollo, basado simultáneamente en el progreso económico, el desarrollo social y la
protección ambiental.
Para quienes tenemos una larga
militancia en el peronismo, la temática ambiental y del desarrollo sostenible no resultan
temas secundarios ni poco conocidos.
En vísperas de otra gran cumbre
mundial, la que se celebró en Estocolmo en junio del 72; el General Perón dio a conocer
el "Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo"; que hoy, a tres décadas de
haber sido enunciado, guarda plena vigencia y resulta un documento de indudable valor
histórico.
En su mensaje, el General Perón
denunciaba: la destrucción de los recursos vitales que brinda la tierra y las
catástrofes sociales asociadas a ese proceso, que sobrevendrían en las próximas
décadas; la conversión de ríos y mares en basurales, y del aire de las grandes ciudades
en un gas tóxico y espeso; advertía que después de degradar la tierra se iniciaba el
ataque sobre los ambientes marinos; condenaba el despilfarro masivo de las mal llamadas
"sociedades de consumo" mediante la utilización de ingentes recursos naturales
aportados por el mundo en desarrollo; denunciaba la grave amenaza que significaba el
despilfarro del agua dulce y la degradación y pérdida de las aguas subterráneas;
planteaba el grave desafío que significa la producción de alimentos, terminar con el
hambre, el analfabetismo y las enfermedades; y comparaba las necesidades de los países
pobres frente a la tan desenfrenada como irracional carrera armamentista.
Pero a mi entender, y como si lo
anterior no fuera suficiente, dos de sus afirmaciones, particularmente documentan su
visión de estadista:
En primer lugar, cuando señalaba
que estos problemas, en el orden internacional, debían pasar a la agenda de negociaciones
entre las grandes potencias y a la vida permanente de las Naciones Unidas, con carácter
de primera prioridad y que en su conjunto, ellos no eran un problema mas de la humanidad,
sino que eran el verdadero problema.
En segundo lugar, en la década del
70, la comunidad internacional, si bien comenzaba a advertir los peligros ambientales, no
los relacionaba claramente con el desarrollo económico y menos aun con la cuestión
social. Los conceptos básicos del desarrollo sostenible y su propia denominación no
resultaban moneda común, pese a ello, en el Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo,
se advierte que resultan necesarios "nuevos modelos de producción, consumo,
organización y desarrollo tecnológico, que al mismo tiempo den prioridad a la
satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionen el consumo de
recursos naturales y disminuyan al mínimo posible la contaminación ambiental",
definiendo claramente, por aquellos días, el concepto básico del desarrollo sostenible.
Como vemos, este nuevo modelo de
desarrollo, engloba las seis dimensiones interrelacionadas del bienestar humano: la
económica, la social, la ambiental, la política, la cultural y la espiritual.
Es por todo ello que nuestra
actitud política, ha sido la defensa del ambiente, antes que nada, porque significa
defender la vida y al hombre.
Para responder al desafío de la
sostenibilidad, debemos avanzar en la consolidación de un pensamiento socio-ambiental
que, en un proceso armónico y orientado por la justicia social, incluya un mayor
desarrollo humano, un crecimiento económico sobre una base ecológica segura y una
tecnología ambientalmente amigable.
Tenemos una irrenunciable
responsabilidad para la mejora de la calidad de vida de nuestro pueblo y un firme
compromiso ético con las generaciones futuras y consideramos que el desarrollo sostenible
es un derecho humano, cuyo concepto propone una profunda modificación en nuestros
comportamientos sociales y en nuestras conductas y actitudes frente al mundo natural, todo
lo cual nos plantea el desafío de hacer realidad la alternativa cristiana de San
Francisco de Asís, que consideraba al hombre como "ciudadano honorario de la
naturaleza", integrado a la comunidad de los seres vivientes.
Resolver el desafío que plantea
alcanzar la sostenibilidad del proceso de desarrollo, implica resolver una multitud de
problemas: sociales, económicos y ecológicos, pero también y no menos importante,
implica resolver problemas relacionados con actitudes personales, con nuestra escala de
valores y con la ética de nuestras cotidianas decisiones, mediante las cuales modelamos
el mundo en el que vivimos.
En cuestiones ambientales y del
desarrollo sostenible, estoy convencida que la concientización debe originarse en los
hombres de ciencia, pero sólo podrá transformarse en la acción necesaria a través de
los dirigentes políticos.
Se trata entonces de un problema
eminentemente político, sumamente complejo y que en consecuencia requerirá de complejas
soluciones.
Estas cuestiones, nos plantean a
los políticos un verdadero desafío, que podremos sortear con éxito, en la medida que
logremos tener una clara visión y el temple necesario para encabezar la marcha hacia la
sustentabilidad del proceso de desarrollo de nuestro país, buscando permanentemente un
equilibrio racional entre lo económico, lo social y lo ambiental.
Estoy convencida que sin
crecimiento económico la protección ambiental y el desarrollo social resultarán
utópicos. Pero también tengo la firme convicción que, sin desarrollo social y
protección ambiental, el progreso económico resulta efímero.
En este esfuerzo y sin renunciar al
rol protagónico que le corresponde al Estado en la promoción del desarrollo sostenible,
tengo en claro que la única garantía para su concreción, es la instalación en la
sociedad de una verdadera cultura de la sostenibilidad, basada en la solidaridad y el
respeto. En esta tarea, el sector empresarial está llamado a cumplir un rol
preponderante.
En el ámbito gubernamental,
resulta indispensable incorporar consideraciones ambientales y de sostenibilidad en el
diseño de las políticas públicas, en sectores tales como: desarrollo social, economía,
trabajo, educación, salud, ordenamiento territorial, desarrollo rural y urbano, comercio
internacional y desarrollo tecnológico.
En los difíciles momentos que nos
toca vivir, algunos funcionarios internacionales nos exigen insistentemente, un "Plan
Sostenible". Todos sabemos bien a que clase de sostenibilidad se refieren. Pero como
cada crisis encierra una oportunidad, podemos afirmar que estamos dispuestos a construir,
no solo un "plan sostenible" sino una "Argentina Sostenible".
Tenemos el derecho y el deber
generacional de acuñar el Modelo Argentino de Desarrollo Sostenible.
Para alcanzar esta meta, que
implica recorrer un largo y difícil camino, resultará indispensable plantear una
Estrategia Nacional de Desarrollo Sostenible, construida en un marco ampliamente
participativo y ejecutada como verdadera política de Estado.
Es por todo ello que estamos hoy
aquí convocados, las diferentes áreas del Gobierno Nacional, acompañados por
representantes empresariales y destacadas figuras del quehacer ambiental nacional, con el
objetivo de tomar conocimiento de los resultados alcanzados en la Cumbre Mundial sobre
Desarrollo Sostenible, particularmente el Plan de Acción que ha sido aprobado, y analizar
cual es la situación de nuestro país frente a los enunciados y metas que en él se han
establecido, a partir de lo cual, estaremos en mejores condiciones de esbozar nuestra
propia agenda hacia el desarrollo sostenible.
A principios de este año, en los
difíciles y complejos días en que nos hicimos cargo del Gobierno Nacional, al inaugurar
la Mesa de Diálogo Social, el Presidente Duhalde mencionaba, como temas centrales y
desafíos a enfrentar: la lucha contra la pobreza, el desarrollo social, el crecimiento
económico y el necesario cuidado del ambiente como verdadera garantía del futuro. Hoy y
en ese rumbo, como garantía de futuro y por un presente digno, afrontamos el ineludible
desafío de construir una Argentina Sustentable. De nosotros depende.
Muchas gracias.
|