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Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

La Convención de Cambio Climático y Nuestro País  

El Cambio Climático y su Mitigación

El presente documento tiene por objetivo familiarizar a los sectores, públicos y privados, interesados en la problemática del Cambio Climático y en las posibilidades de su mitigación mediante las tecnologías actualmente disponibles.

1. PROBLEMÁTICA FÍSICA DEL CAMBIO CLIMÁTICO

1.1. El clima y el sistema climático
1.2. Perturbación antropogénica de la composición de la atmósfera: gases y aerosoles

1.2.1. Gases de efecto invernadero
1.2.2. Aerosoles

1.3. El efecto invernadero y sus consecuencias


2. PROBLEMÁTICA DE MITIGACIÓN DEL CAMBIO CLIMÁTICO Y DE SUS IMPACTOS

2.1. Consideraciones generales
2.2. Problemática del cambio climático en la Argentina

2.2.1. Conocimiento del cambio climático global y de sus impactos sobre el clima regional

2.2.1.1. Estudios y estado del conocimiento del tema en nuestro país
2.2.1.2. Proyecto País sobre Cambio Climático

2.2.2. Conocimiento de la vulnerabilidad al cambio climático regional

Producción agrícola en la región pampeana
Zona Costera Atlántica
Región de los Oasis del Centro-Oeste

2.2.3. Desarrollo de estrategias de adaptación
2.2.4. Estrategias de mitigación de GEI

2.2.4.1. Aspectos generales sobre mitigación de GEI

2.2.4.2. Tecnologías y medidas para limitar y reducir las fuentes de emisión

Producción y suministro de energía
Transporte
Sector agropecuario
Edificios residenciales, comerciales e institucionales
Industria
Residuos domiciliarios

2.2.4.3. Tecnologías y medidas para mejorar los sumideros de GEI


Referencias


1. PROBLEMÁTICA FÍSICA DEL CAMBIO CLIMÁTICO

1.1. El clima y el sistema climático

Para entender el concepto de "clima" es necesario conocer primero lo que significa el "tiempo" meteorológico. El "tiempo" es una descripción indicativa del estado actual de la atmósfera en una región, que incluye las características que afectan el vivir cotidiano: los valores actuales a nivel de la superficie de variables tales como temperatura, humedad relativa, presión, viento, rafagosidad, nubosidad, precipitación líquida y sólida. Una presentación más completa del "tiempo" incluye descripciones cuantitativas de las estructuras vertical y horizontal de la atmósfera, las que son utilizadas por los meteorólogos en sus análisis profesionales. En un sentido aún más amplio, el "tiempo" es una descripción del estado del sistema climático, el cual se define más abajo.

Es habitual definir el clima de una región como el "tiempo medio" o, con más rigor, como la descripción estadística del tiempo en esa región en términos de la media y la variabilidad de ciertas magnitudes importantes durante períodos de varios decenios (de tres decenios, como lo define la Organización Meteorológica Mundial - OMM). En un sentido amplio, el clima se caracteriza por la descripción estadística del sistema climático entero y no sólo de la atmósfera.

El sistema climático está compuesto principalmente por: a) la atmósfera, b) los océanos, c) las biósferas terrestre y marina, d) la criósfera (hielo marino, cubierta de nieve estacional, glaciares de montaña y capas de hielo a escala continental), y e) la superficie terrestre. Estos componentes actúan entre sí y, como resultado de esa interacción colectiva, determinan el clima de la superficie de la Tierra.

Las interacciones entre éstos componentes se producen mediante flujos de energía de diversas formas, a saber: intercambios de agua en fase gaseosa, líquida y sólida; flujos de otros gases en trazas radiativamente importantes, entre los que figuran el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4); y el ciclo de nutrientes. Lo que mueve el sistema climático es la entrada de energía solar en forma de radiación (conocida como radiación de onda corta), equilibrada por la emisión de energía en forma de radiación infrarroja (conocida como radiación de onda larga o simplemente "calor") hacia el espacio. La energía solar es la fuerza conductora más importante de los movimientos de la atmósfera y el océano, de los flujos de calor y agua y de la actividad biológica.

Los componentes del sistema climático inciden en el clima regional y mundial de varias maneras diferentes: a) influyen en la absorción y transmisión de la energía solar y la emisión de energía infrarroja que se devuelve al espacio; b) alteran las propiedades de la superficie y la cantidad y naturaleza de la nubosidad, lo que repercute sobre el clima a nivel regional y mundial; y c) distribuyen el calor horizontal y verticalmente, desde una región hacia otra mediante los movimientos atmosféricos (que se producen en la parte inferior de la atmósfera, denominada tropósfera - de unos diez km de espesor- ) y las corrientes oceánicas.

En su estado natural, los diversos flujos entre los componentes del sistema climático se encuentran, por lo común, muy cerca del equilibrio exacto cuando se integran a lo largo de períodos de uno a varios decenios. En el equilibrio, los flujos entrantes y salientes de cada uno de los componentes del sistema climático son iguales. Por ejemplo, antes de la revolución industrial, la absorción de dióxido de carbono por fotosíntesis estaba en equilibrio con la liberación efectuada por los seres vivos y la descomposición de materia orgánica, como lo demuestran las concentraciones casi constantes de CO2 en la atmósfera durante varios milenios hasta cerca de 1880.

Ahora bien, de un año a otro se pueden producir desequlibrios de signo fluctuante, debidos a la variabilidad natural del sistema climático (p.ej., años Niño, años Niña, años neutros).

Por otra parte, la humanidad está afectando el desenvolvimiento de los procesos climáticos y, por consiguiente, el equilibrio natural del sistema climático, pues perturba, sin interrupción y a escalas regional y mundial, la composición de la atmósfera de la Tierra y las propiedades de la superficie terrestre.

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1.2. Perturbación antropogénica de la composición de la atmósfera: gases y aerosoles

La humanidad está alterando la concentración de los gases de invernadero y los aerosoles, que influyen en el clima y, a la vez, son influídos por éste.

1.2.1. Gases de efecto invernadero
Las paredes y techo de un invernadero están hechos de materiales que, por un lado, permiten la entrada de la radiación solar (por ello son transparentes), y por otro, absorben parcial o totalmente la radiación de onda larga o infrarroja que emiten continuamente los cuerpos que están en el interior del invernadero. La radiación absorbida es luego reemitida en todas direcciones. Mediante este proceso, parte de la radiación infrarroja o "calor" queda atrapada dentro del invernadero, y el mayor nivel energético resultante se manifiesta mediante un aumento de temperatura. El balance radiativo, es decir, la diferencia entre los flujos de radiación entrante y saliente, está alterado dentro del invernadero, con respecto al balance original o inalterado que existe fuera del invernadero.

De manera similar, los gases de efecto invernadero (GEI) reducen la pérdida neta de radiación infrarroja hacia el espacio y tienen poco impacto en la absorción de la radiación solar, modificando de este modo el balance radiativo. Esto a su vez hace que la temperatura de la superficie y de la tropósfera sean más altas, lo que se conoce como "efecto invernadero".

Existe una componente natural de este efecto, causado por los GEI no generados mediante la actividad antrópica, debido a la cual la superficie de la Tierra es mas cálida que lo que sería si toda la radiación infrarroja se perdiera en el espacio exterior; esto permite la vida de plantas, animales y seres humanos, según la conocemos.

Ciertos gases de efecto invernadero (GEI) surgen naturalmente, pero están influenciados directa o indirectamente por las actividades humanas, mientras que otros son totalmente antropogénicos.

Los principales GEI que surgen naturalmente son: vapor de agua (H2O), dióxido de carbono (CO2), ozono (O3), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O). Los más importantes grupos de gases de invernadero completamente antropogénicos son: clorofluorocarbonos (CFCs, son los principales responsables del deterioro de la capa de ozono, y eran comúnmente utilizados en refrigeración), hidrofluorocarbonos (HFCs), perfluorocarbonos (PFCs) e hidroclorofluorocarbonos (HCFCs) (a todos los cuales se denomina colectivamente halocarbonos), y las sustancias totalmente fluorinadas, como el hexafluoruro de azufre (SF6).

El vapor de agua es el mayor contribuyente al efecto invernadero natural y es el que está más directamente vinculado al clima y, por consiguiente, menos directamente controlado por la actividad humana. Esto es así porque la evaporación depende fuertemente de la temperatura de la superficie (que casi no es modificada por la actividad humana, si consideramos grandes extensiones), y porque el vapor de agua atraviesa la atmósfera en ciclos muy rápidos, de una duración por término medio de uno cada ocho o nueve días.

Por el contrario, las concentraciones de los demás gases de invernadero están sujetas a la influencia fuerte y directa de la emisiones asociadas con la quema de combustibles fósiles, algunas actividades forestales y la mayoría de las agrícolas, y la producción y el empleo de diversas sustancias químicas.

Excepto el ozono, todos los GEI directamente influidos por las emisiones humanas están bien mezclados en la atmósfera, de forma tal que su concentración es casi la misma en cualquier parte y es independiente del lugar donde se produce.

El ozono también difiere de los demás GEI porque no se emite directamente hacia la atmósfera, sino que es fabricado en la atmósfera por reacciones fotoquímicas en las que participan otras sustancias, denominadas "precursores" (óxidos de nitrógeno, hidrocarburos, etc.), que sí se emiten directamente.

En lo que respecta a los procesos de eliminación, todos los GEI, excepto el dióxido de carbono, se transforman en buena parte, a través de reacciones químicas o fotoquímicas dentro de la atmósfera. De modo diferente, el dióxido de carbono efectúa ciclos continuos entre varios "reservorios" o depósitos de almacenamiento temporales (atmósfera, plantas terrestres, suelos, aguas y sedimentos de los océanos).

Tanto las fuentes de los GEI naturales como los procesos de eliminación de todos los GEI están influenciados por el clima, y por lo tanto se alteran debido a un cambio climático.

1.2.2. Aerosoles
Se denominan aerosoles a las partículas diminutas en suspensión en el aire. Éstos revisten gran importancia por su impacto sobre la radiación solar, y tienen casi siempre un efecto de enfriamiento. Influyen sobre el clima, sobre todo porque reflejan hacia el espacio una parte de la radiación solar incidente (efecto directo), y regulan, hasta cierto punto, la nubosidad y las propiedades ópticas de las nubes (efecto indirecto). También absorben una cierta cantidad de radiación infrarroja.

Frente a la magnitud de la emisión de GEI antropogénicos, los aerosoles generados por acción antrópica ocasionan un impacto relativamente menor sobre el clima.

Los aerosoles se producen natural y artificialmente; entre los naturales se encuentran la sal marina, el polvo y las partículas volcánicas, mientras que los artificiales resultan de la quema de biomasa y combustibles fósiles, entre otras fuentes.

Algunos aerosoles, como el polvo, se emiten directamente hacia la atmósfera. Pero la mayoría no se emiten directamente sino que se fabrican a partir de la transformación química de los precursores.

Todos los aerosoles troposféricos tienen un tiempo de vida corto en la atmósfera, pues la lluvia los remueve rápidamente, barriéndolos hacia la superficie. Debido a que el régimen de precipitaciones varía mucho de una región a otra, y a que la intensidad de las fuentes de emisión también es muy diferente en distintas regiones, la cantidad de aerosoles en la atmósfera varía mucho entre las diferentes zonas planetarias.

El clima influye en la naturaleza, la cantidad y la distribución de los aerosoles atmosféricos.

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1.3. El efecto invernadero antropogénico y sus consecuencias

Las actividades humanas, cada vez más demandantes de recursos de todo tipo, han comenzado a comprometer al recurso Clima en la escala global. Está comprobado que estas actividades están aumentando la concentración de los gases que intensifican el efecto invernadero de la atmósfera.

Una parte significativa (entre el 25 y 45%) del dióxido de carbono introducido por el hombre en la atmósfera ha sido absorbida por el océano. Es importante conocer el rol del océano en la regulación del contenido de CO2 atmosférico en las próximas décadas. Los mecanismos mediante los cuales se produce la absorción no son bien conocidos. Sin embargo, es posible identificar al menos la utilización por parte del fitoplancton y otros componentes del ciclo del carbono inorgánico oceánico, así como la redistribución y almacenamiento del carbono a través de las corrientes oceánicas.

La temperatura del planeta se ha incrementado en el último siglo cerca de 0,5°C, existiendo un creciente consenso científico de que al menos buena parte de este aumento es atribuible al efecto invernadero de origen antropogénico. Si el ritmo de crecimiento de las emisiones continúa sin ningún tipo de limitación, se estima que para el año 2025 la temperatura media del planeta se incrementaría en 1°C y para fines del próximo siglo en 3°C. Los incrementos de la temperatura no serán homogéneos sobre el planeta, pudiendo ser bastante mayores en algunas regiones. Como consecuencia de ello, todo el sistema climático se vería alterado, modificándose las precipitaciones medias en muchas regiones.

A largo plazo, la Tierra debe liberar al espacio igual cantidad de energía que la recibida por radiación solar (30% de ésta se refleja al espacio exterior y 70% se absorbe) para mantener la temperatura. Ante la acción antrópica sostenida desde el comienzo de la era industrial y el consiguiente efecto invernadero, el sistema climático debe readaptarse al excedente de energía. Cabe acotar que un 2% de energía en exceso equivale al consumo y quema de 3 millones de toneladas de petróleo por minuto.

De los gases de efecto invernadero, el CO2 es el responsable del 60% del efecto invernadero inducido, el CH4 del 20% (tiene un poder de calentamiento 30 a 60 veces mayor que el CO2, aunque tiene un tiempo de vida media corto en comparación con los otros gases) y N2O, CFC, HFC, PFC, HCFC, SF6 del 20%. Desde 1850 a la fecha el incremento del CO2 ha sido de un 30%, mientras que el del N2O de un 15%.

Según cálculos del IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático) las emisiones de CO2 se duplicarán para el 2050 con lo cual:

la temperatura media subirá entre 1°C y 3,5°C;

el nivel del mar subirá entre 15 y 95 cm (¡la península de Ross en la Antártida es ahora una isla!);

los glaciares de montaña desaparecerán (los patagónicos serán los más persistentes);

se agudizarán los fenómenos climáticos extremos y las pestes. Para recordar sólo algunos de los casos ocurridos en los últimos dos años, mencionemos el huracán Mitch, que ha azotado a Centroamérica, y el fenómeno de El Niño (el más intenso en 150 años), el cual ha propiciado, por una parte, los incendios favorecidos por las sequías, que causaron estragos en Indonesia y la región amazónica, y, por otra, las devastadoras inundaciones en la Argentina y China;

la "corriente en chorro" (que regula el clima del planeta) se desplazará hacia el Sur;

variará la agricultura mundial. Las mesetas heladas de Canadá y Siberia se descongelarán, con lo cual habrá nuevas tierras de cultivo. Argentina y Estados Unidos deberán cambiar las características genéticas de la producción. China y Europa también deberán hacerlo debido al irregular patrón de lluvias. Australia seguirá más o menos como ahora;

habrá un desfasaje de las zonas climáticas, corriéndose entre 150 - 550 km hacia los polos.

Un cambio climático global de la magnitud y velocidad previstas podría provocar alteraciones importantes en la biósfera conduciendo a migraciones y extinciones de numerosas especies y a un aumento significativo del nivel del mar. Estos cambios afectarían también a las actividades humanas en general y muy particularmente a las que son críticamente dependientes del clima, como las agropecuarias y la generación de hidroelectricidad. El clima de la Argentina ha mostrado una gran susceptibilidad a los cambios globales de la circulación atmosférica en el pasado reciente, siendo incluso muy posible que el mismo ya esté siendo afectado por el fenómeno del calentamiento global. En consecuencia, dada la estructura productiva del país, los estudios sobre esta problemática adquieren un claro valor estratégico.

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2. PROBLEMÁTICA DE MITIGACIÓN DEL CAMBIO CLIMÁTICO Y DE SUS IMPACTOS

2.1. Consideraciones generales

"El aumento de la concentración de GEI en la atmósfera y sus potenciales consecuencias sobre el clima merecen la atención de todos los países del planeta.

"Aunque el margen de incertidumbre es significativo, hay consenso en la comunidad científica internacional en que las características que muestra el proceso de calentamiento global es de origen antropogénico.

"En ese contexto de incertidumbre debe decidirse la implementación o no de acciones tendientes a mitigar los eventuales efectos del cambio climático.

"Teniendo en cuenta que dichos efectos pueden ser importantes en términos socioeconómicos, se recomienda la aplicación de políticas basadas en el principio de precaución: cuando el efecto futuro de una causa presente es incierto, pero puede ser muy dañino e irreversible, es prudente actuar inmediatamente para suprimir las causas más conocidas, entre aquéllas sobre las que se puede actuar."

2.2. Problemática del cambio climático en la Argentina

"Las consecuencias de eventuales cambios climáticos son especialmente críticas en los países en vías de desarrollo (PVD), teniendo en cuenta que el grado de vulnerabilidad a los fenómenos posibles, se relaciona estratégicamente con la capacidad de los grupos sociales para absorber, amortiguar o mitigar los efectos de estos cambios, lo que está mediatizado por la posibilidad de contar con tecnología, infraestructura y medios idóneos.

"En la Argentina, esto es doblemente cierto, ya que su economía se basa en la producción primaria, que es altamente sensible al clima. Además, la especialización actual se encamina hacia el procesamiento de recursos naturales (típicamente "commodities" industriales)."1

Por otra parte, la contribución de la Argentina a la emisión total planetaria de GEI es ínfima. Su contribución per cápita (1,5 ton. de carbono equivalente anuales por habitante) es, asimismo, inferior a las de los países desarrollados, aunque actualmente se sitúa levemente por encima del promedio mundial. A modo de ejemplo, citemos la emisión en el país de mayor consumo energético per cápita, Estados Unidos: 7 ton. de carbono equivalente anuales por habitante.

Si bien los países industrializados son los responsables históricos del cambio acaecido en la composición atmosférica, nuestro país no puede quedar ajeno a los esfuerzos de mitigación, y ha dado muestras de su voluntad de cooperar en este tema.

El problema a nivel nacional puede dividirse en cuatro temas:

1) conocimiento del cambio climático global, y de sus impactos sobre el clima regional;
2) conocimiento de la vulnerabilidad al cambio climático regional, en las distintas subregiones de nuestro territorio, de: a) los ecosistemas, b) los asentamientos humanos, y c) las actividades económicas;
3) desarrollo de estrategias de adaptación de los sistemas a), b) y c) del punto anterior;
4) estrategias de mitigación de GEI.

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2.2.1. Conocimiento del cambio climático global y de sus impactos sobre el clima regional
Para elaborar proyecciones sobre el impacto de las perturbaciones de origen humano, es preciso calcular los efectos de todos los procesos claves que actúan en el sistema climático.

La capacidad para absorber o mitigar los efectos de cambios climáticos está estrechamente relacionada con el conocimiento que se posee del clima, sus variabilidades y tendencias (a nivel global y regional), y de los impactos de éstas sobre las distintas actividades humanas.

Ese conocimiento debe ser exhaustivo sobre nuestro país, pero también, en menor grado, sobre Sudamérica y en otras regiones del planeta, donde habitan nuestros compradores y competidores. En este contexto, deberían promoverse investigaciones sobre cambio y variabilidad climáticas. Como parte de estos estudios, deberían elaborarse mapas a escala nacional de riesgo de anomalías extremas de variables climáticas tales como: precipitación, temperatura, heliofanía, viento, humedad del aire y del suelo.

Esas investigaciones deberían realizarse en el sistema científico-académico nacional (con apoyo científico de centros internacionales de excelencia) y canalizarse a través de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (SECyT).

2.2.1.1. Estudios y estado del conocimiento del tema en nuestro país
La Argentina es una de las regiones del mundo que ha presentado mayores variaciones climáticas en el siglo XX. Durante el mismo se registró un significativo aumento de la temperatura de superficie en la Patagonia e islas del Atlántico sur. Al norte de los 40°S las tendencias positivas de temperatura fueron menores y sólo perceptibles a partir de los últimos 40 años. En contraste, allí se registró un importante aumento de la precipitación durante las décadas del 60 y 70.

En el núcleo productivo de la Pampa Húmeda, el incremento fue superior en un 30% a los valores observados durante la década del 50. Como consecuencia, se produjo una expansión de la frontera agropecuaria hacia el oeste, ganándose para la actividad agrícola alrededor de 100.000 kilómetros cuadrados. Este cambio produjo un enorme impacto positivo en las economías regionales de la zona semiárida desde La Pampa hasta Santiago del Estero.

No se puede descartar que dicho cambio esté asociado al simultáneo calentamiento de las altas latitudes del Hemisferio Sur, ni que éste sea a su vez una consecuencia del aumento del efecto invernadero. En los últimos años, el subsiguiente calentamiento de las latitudes medias del Hemisferio Sur parece haber comenzado a revertir las tendencias positivas de la precipitación por lo que resulta necesario profundizar el estudio sobre las causas de las variaciones climáticas con el objeto de desarrollar estrategias de adaptación a probables condiciones menos favorables en un futuro mediano plazo.

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2.2.2. Conocimiento de la vulnerabilidad al cambio climático regional
La mayor parte de los estudios fueron realizados por el Proyecto ARG/95/G31, coordinado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología con la financiación del Fondo Mundial del Medio Ambiente. Los resultados de tres estudios de vulnerabilidad a eventuales cambios climáticos, a saber: sobre la producción agrícola en la región pampeana, sobre la zona costera atlántica, y sobre los oasis del centro-oeste, muestran la gravedad del problema en lo referente a nuestro territorio.

Producción agrícola en la región pampeana. En este estudio se evaluó el impacto de diferentes escenarios climáticos (hipotéticos), sobre la producción de cultivos anuales (trigo, maíz, girasol y soja) y forrajeras en la región pampeana. Los escenarios climáticos se obtuvieron mediante variaciones de temperatura y precipitación, considerando dos concentraciones atmosféricas de CO2. La producción de los cultivos se evaluó con modelos matemáticos que simulan el desarrollo y crecimiento de las especies ante variaciones del ambiente. Los escenarios climáticos elegidos representan condiciones futuras posibles, de acuerdo con los resultados (diferentes entre sí) de tres modelos de circulación general de la atmósfera desarrollados en centros de investigación de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. Dichos resultados muestran que, como consecuencia del calentamiento global, pueden producirse cambios importantes en los regímenes térmico e hídrico de diferentes subregiones de nuestro país. "Al igual que para las otras actividades, la vulnerabilidad del sector agropecuario difiere según el escenario climático que se utilice. Dichos escenarios son habitualmente generados mediante modelos matemáticos que simulan el clima global, encontrándose las mayores discrepancias entre modelos en la predicción de la precipitación en las diferentes regiones del planeta; esto es así porque los modelos de simulación climática son todavía inseguros para la predicción de las características regionales de esta variable. Sin embargo, debido a la extensión de nuestra área productiva, a la diversidad de granos que se cultivan y al incremento pronosticado en la concentración de dióxido de carbono, la producción nacional de granos no sería seriamente dañada. Por otro lado, la capacidad productiva de los suelos se vería más afectada por el sistema de labranza que por los cambios proyectados en el clima.

"No obstante, considerando el cambio reciente en los sistemas de producción (incremento en el uso de insumos y reducción de las técnicas de labranza) que podrían alterar el balance de gases con efecto invernadero (CO2 y N2O) sería oportuno evaluar la vulnerabilidad de estos sistemas, así como las posibles estrategias de adaptación para la frontera agrícola."

Zona Costera Atlántica. "La vulnerabilidad al ascenso del nivel del mar sería sólo importante en la Bahía de Samborombón y en las islas de la costa bonaerense entre Bahía Blanca y la desembocadura del río Colorado. Un problema de ardua investigación lo constituyen las consecuencias negativas que originaría este aumento en el drenaje de la ya problemática cuenca del Salado. Es necesario estudiar además cual sería el impacto en la costa del Río de la Plata y en el delta del Paraná en situaciones de tormentas, dada la importante concentración de actividades humanas que se realizan en esos lugares.

Región de los Oasis del Centro-Oeste. Este estudio pone en evidencia la necesidad de conocer mejor la variabilidad climática y el cambio climático en la región, a fin de morigerar los posibles impactos negativos. Se sabe que la ocurrencia de eventos "El Niño" y "La Niña" (que son fases opuestas de un mismo fenómeno de variabilidad climática) incide marcadamente sobre las nevadas en la Cordillera. Bajo el fenómeno "El Niño" las nevadas invernales son generalmente copiosas, mientras que en un año "Niña" sucede lo contrario. Ahora bien, el cambio climático global parecería estar modificando la frecuencia y/o intensidad de esos eventos, así como aumentando la evapotranspiración. A su vez, la disponibilidad de agua en los ríos cordilleranos, que posibilitan el desarrollo de los Oasis del Centro-Oeste, depende de la fusión de la nieve acumulada en la Cordillera, y es esencial en la vida económica de éstos, basada en producciones frutihortícolas bajo regadío.

Las conclusiones de estos estudios hacen hincapié en la necesidad de profundizar las investigaciones. Las mismas deberían canalizarse a través de la SECyT.

2.2.3. Desarrollo de estrategias de adaptación
Cuanto antes se adecue la legislación y el ordenamiento ambiental a un cambio detectado en el clima, menor será el impacto sufrido. Un ejemplo de ello es la planificación urbana que debería hacerse en las poblaciones costeras de los ríos Paraná y Uruguay y sus afluentes, ante el aumento registrado en las últimas décadas de los caudales de dichos ríos, debido al incremento en las precipitaciones en el sur de Brasil y en Paraguay. Otro ejemplo está dado por el informe del Proyecto País sobre la Zona Costera Atlántica, en el que se recomienda un retroceso planificado en las áreas que se inundarán, lo cual implica medidas de expropiación de tierras y de limitación de asentamientos.

Asimismo, se podrían dar o quitar incentivos fiscales en una región donde el clima está cambiando, para adecuarse a la situación futura; o legislar sobre el uso del suelo teniendo en cuenta mapas de riesgo de inundación bajo el clima actual. Estos mapas deberían hacerse, al menos, en todo el litoral, en la pampa deprimida y en zonas urbanas. Pero deberían estar en constante actualización, de acuerdo con el punto 2.2.1..

En síntesis, deberían elaborarse estrategias de adaptación teniendo en cuenta los cambios acaecidos, y las proyecciones probables del clima y su variabilidad. Los estudios de este tipo, en estado incipiente, deberían realizarse tanto en el ámbito público como en el privado, desde el nivel nacional hasta el municipal. Obviamente, deberían estar basados sobre los resultados de las investigaciones mencionadas en 2.2.1 y 2.2.2..

2.2.4. Estrategias de mitigación de GEI
"Si bien la comunidad internacional está tomando conciencia a pasos agigantados sobre la fragilidad del medio ambiente y los peligros de continuar su degradación, la protección ambiental efectiva supone cambios muy profundos en las pautas de consumo y en las formas de organización económica vigentes, difíciles de implementar en el actual contexto político y económico. Dicha protección implica la coexistencia y coordinación de políticas ambientales con las políticas de los distintos sectores económicos y las políticas tecnológicas."1

Hay dos formas básicas de mitigación: reducción de fuentes (elementos de emisión de GEI) y aumento o preservación de sumideros (elementos de absorción de GEI).

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2.2.4.1. Fuentes y sumideros de GEI a nivel nacional.
El Proyecto ARG/95/G31 ha generado la información básica para la Primera Comunicación Nacional a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). El mismo incluye un inventario de fuentes y sumideros de GEI.

La contribución de las emisiones de CO2 al calentamiento atmosférico es, a nivel mundial, de aproximadamente el 60% del total ocasionado por todos los GEI. A nivel nacional, esta contribución podría ser levemente superior. Esto indica claramente que la causa principal del efecto invernadero de origen antropogénico está dada por la quema de combustibles fósiles (carbón, derivados del petróleo y gas) cuyo producto final es el gas mencionado. El sector de generación de energía eléctrica es relativamente moderno y eficiente en su componente térmica, con una alta participación hídrica y una modesta pero significativa nuclear.

Las emisiones de metano constituyen, a nivel nacional, la segunda contribución en orden de importancia. Se producen mediante la fermentación entérica que tiene lugar en el aparato digestivo de vacunos, equinos, asnos, cabras y ovejas, y, en menor medida, a partir de los excrementos de los animales. Estos procesos aportan alrededor del 90% del metano emitido en el país. Otros aportes de menor importancia se producen en los rellenos sanitarios hechos con residuos domiciliarios, en los cultivos de arroz, y en las fugas de gas natural (que está compuesto mayoritariamente por metano) en sus etapas de extracción y distribución.

El óxido nitroso emitido a partir de los fertilizantes agrícolas, del cultivo de leguminosas y de la producción industrial, ocupa el tercer lugar a nivel nacional.

Los gases usados en los sistemas de refrigeración y aire acondicionado tienen un peso significativo en la contribución mundial y nacional al calentamiento atmosférico, a pesar de que en términos de masa emitida son casi insignificantes. Ello se debe a su enorme poder de calentamiento, de hasta varios miles de veces mayor que una masa igual de CO2. Lamentablemente, su aporte no ha sido cuantificado en los inventarios de GEI que ya se han hecho en la mayoría de los países desarrollados y en la Argentina, debido a que no formaban parte de la lista inicial de GEI considerados por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

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2.2.4.2. Tecnologías y medidas para limitar y reducir las fuentes de emisión de GEI
Por lo antedicho, los sectores económicos involucrados en esta problemática son:

a) el de producción y suministro de energía;

el de transporte;
el agropecuario;
el de edificios residenciales, comerciales e institucionales;
el industrial;
el de tratamiento de residuos domiciliarios.

Se sintetizan a continuación las opciones de mitigación por sectores.

Producción y suministro de energía

La generación de electricidad es la que concentra los mayores consumos de combustible dentro del sector energético. En este caso las opciones de mitigación no pueden basarse en una mejora de la eficiencia energética, habida cuenta del alto rendimiento que tendrán en el futuro las centrales térmicas convencionales (que consumen combustibles fósiles), sino en la disminución de emisiones de GEI, de modo que energías limpias como la eólica, la solar o la hidroeléctrica, tengan oportunidades de competir en el mercado eléctrico. Una fracción importante del crecimiento de la generación de electricidad podría hacerse sin emisiones adicionales utilizando las energías no convencionales, particularmente eólica cuya disponibilidad y calidad es excepcional en buena parte del territorio nacional.

También, es importante el esfuerzo que se haga por sustituir combustibles en centrales térmoeléctricas, de modo que sean menos contaminantes (por ejemplo, gas en lugar de carbón mineral o derivados del petróleo), así como por mejorar la eficiencia energética de centrales ya instaladas (por ejemplo, conversión de una central térmica que utiliza gas, a una de ciclo combinado gas-vapor de agua).

Además, es importante tener en cuenta que se están desarrollando motores de automóvil que consumen hidrógeno. En nuestro país, se podría producir hidrógeno mediante el uso de energía eólica o hidroeléctrica, que son fuentes de emisión cero (al menos al nivel de consumo). Existen tecnologías para almacenar el hidrógeno en elementos de material poroso, de modo que la Argentina podría exportarlo a países que no disponen de energía limpia (por ejemplo, eólica) para producirlo.

Transporte

Un escenario de mitigación supone un cambio importante en las políticas de transporte de pasajeros y cargas, afectando las participación de los modos y medios de transporte.

Ello implica: 1) nuevas medidas de organización del tránsito; 2) sustitución por modos de transporte más limpios; 3) sustitución entre fuentes emisoras; y 4) profundización de mejoras técnicas en los vehículos.

1) Nuevas medidas de organización del tránsito: Ampliación y mejoramiento de redes carreteras, ampliación del sistema de trenes elevados y subterráneos, limitación de circulación de vehículos particulares en parte del radio urbano, entre otras.

2) Sustitución por modos de transporte más limpios: Transporte público en reemplazo de automóviles, ferrocarril en lugar de camiones en el transporte de cargas, tranvías y subterráneos en reemplazo de ómnibus urbanos que utilizan combustibles fósiles.

3) Sustitución entre fuentes emisoras: Promoción de fuentes móviles menos emisoras (GNC en lugar de gasoil o naftas) y disminución de la antigüedad del parque automotor, de modo de disminuir su consumo específico medio.

4) Profundización de mejoras técnicas en los vehículos: Desarrollo de motores menos contaminantes. Por ejemplo, los motores que combustionan hidrógeno, que no liberan dióxido ni monóxido de carbono a la atmósfera, sino vapor de agua; el carbono residual se acumula en estado sólido (carbón) en un depósito que debe vaciarse periódicamente. Este tipo de motores está en desarrollo en varios países, incluso la Argentina. Como complemento esencial de esta tecnología, en Japón se está desarrollando una técnica que permite obtener hidrógeno a partir de hidrocarburos, y en Alemania, otra mediante la cual se obtiene hidrógeno a partir del metanol. Asimismo, los motores eléctricos, combinados con celdas fotovoltaicas en paneles solares, parecen estar en el futuro del transporte.

Sector agropecuario

La reducción de emisiones de GEI puede lograrse mediante la adopción de nuevas tecnologías. Por ejemplo, los métodos tradicionales de labranza del suelo (arado de reja) causan la pérdida hacia la atmósfera de carbono retenido en el suelo. El cambio a siembra directa contribuye grandemente a reducir dicha pérdida.

Para el problema de la ganadería hace falta profundizar los estudios. Existen líneas de trabajo que apuntan a modificar la digestibilidad de las pasturas por parte del ganado reduciendo no sólo las emisiones de metano sino también aumentando los rendimientos de carne y/o leche.

Edificios residenciales, comerciales e institucionales

La mitigación de emisiones de GEI en edificios, puede lograrse mediante la adopción de tecnologías destinadas, por un lado, a reducir el consumo de energía por los equipos (electrodomésticos, sistemas de calefacción y refrigeración, alumbrado, equipo de oficina); y, por el otro, a reducir las pérdidas de energía de calefacción y refrigeración mediante mejoras en la integridad térmica de los edificios.

Entre otros métodos eficaces para reducir las emisiones, figuran: el diseño urbano y la planificación del uso del terreno, que facilitan la adopción de normas para utilizar menos energía y reducir las islas térmicas urbanas; la mejora de la eficiencia de los sistemas de calefacción y refrigeración urbanos; el empleo de tecnologías de construcción más sostenibles; la instalación y funcionamiento correctos de los equipos, y el dimensionamiento adecuado de los mismos; y el uso de sistemas de gestión de energía en los edificios.

Industria

La reducción puede lograrse mediante la adopción de tecnologías más limpias (que generan menos GEI o sus precursores como efluentes de sus procesos) y el uso más eficiente de la energía consumida. Un ejemplo de esto último es la cogeneración (esto es, la generación de dos formas de energía utilizables) mediante las siguientes técnicas: a) "Topping", donde el producto primario de la combustión es la generación de energía eléctrica-mecánica y el calor residual se aprovecha en procesos productivos. Las industrias alimenticia, papelera, textil y petrolera son las más aptas para el uso de esta tecnología; y b) "Bottoming", donde la energía primaria se destina al calor de proceso industrial y la secundaria se emplea en la generación de energía mecánica y luego eléctrica. Esta tecnología puede usarse en los hornos cerámicos y metalúrgicos.

Tratamiento de residuos domiciliarios.

El gas metano que se produce en los rellenos sanitarios puede mitigarse en gran medida reduciendo la masa de los mismos, mediante la clasificación y reciclado de la basura. Asimismo, el metano de los basurales puede colectarse mediante la instalación de un sistema de pozos de captación y tuberías de conducción, y posteriormente combustionarse, con lo que se obtiene y libera a la atmósfera dióxido de carbono, que tiene un efecto de invernadero mucho menor.

2.2.4.3. Tecnologías y medidas para mejorar los sumideros de GEI.
Básicamente consisten en aumentar la actividad fotosintética, mediante la cual se absorbe el dióxido de carbono atmosférico en las hojas, que luego es usado en la producción de materia vegetal. Dicho aumento puede lograrse mediante acciones en el sector forestal (promoviendo la forestación y deteniendo la deforestación); generando nuevas áreas verdes mediante la expansión de los oasis bajo riego en zonas áridas; y aumentando la densidad de biomasa de las parcelas de terreno por medio de un mejor aprovechamiento del agua disponible para riego.

El cambio de uso del suelo y el manejo de los bosques nativos y cultivados contribuyen en forma muy significativa a la absorción del dióxido de carbono. Sin embargo, las incertezas en tal sentido son muy importantes y requieren para su reducción de investigaciones dirigidas tanto al estudio del ciclo del carbono como a la evaluación de la biomasa existente en los distintos tipos de ambientes.

Referencias

El presente documento se elaboró consultando los siguientes trabajos:

1. Tecnologías, políticas y medidas para mitigar el cambio climático. Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC), PNUMA, 1996.
2. Introducción a los modelos climáticos simples utilizados en el segundo informe de evaluación del IPCC. Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC), PNUMA, 1996.
3. Inventario de gases de efecto invernadero. Proyecto ARG/95/G31. PNUD-SECYT, 1998.
4. Mitigación de gases de efecto invernadero. Proyecto ARG/95/G31. PNUD-SECYT, 1998.
5. Vulnerabilidad y mitigación relacionada con el impacto del cambio global sobre la producción agrícola. Proyecto ARG/95/G31. PNUD-SECYT, 1998.
6. Evaluación de la vulnerabilidad de la costa argentina al ascenso del nivel del mar. Proyecto ARG/95/G31. PNUD-SECYT, 1998.
7. Vulnerabilidad de los oasis comprendidos entre 29 o y 36o S ante condiciones más secas en los Andes altos. Proyecto ARG/95/G31. PNUD-SECYT, 1998.
8. Proyecto de Plan Nacional Plurianual de Ciencia y Tecnología 1999-2001, Doc. de Trabajo Nº 3: Medio Ambiente, SECyT, 1998.

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