El Presidente de la República Argentina y el
Presidente de la República de Chile,
Reunidos en Calafate, Provincia de Santa Cruz, el 29 de agosto de 2003
Conscientes de los efectos negativos que el deterioro de la capa de ozono y el cambio
climático pueden causar en el extremo Sur de nuestro continente y en la Antártida;
Advertidos de las consecuencias adversas que el aumento de la radiación ultravioleta
provoca sobre los seres vivos animales y vegetales, terrestres y acuáticos de estas
latitudes;
Preocupados por el aumento de las temperaturas medias que ya se registra en esta
región, los cambios en el régimen de precipitaciones y la inusitada intensidad del
deshielo que reduce los glaciares y los témpanos;
Preocupados también por el impacto negativo que estos fenómenos pueden tener en las
condiciones de producción de nuestros países;
Teniendo en cuenta que estos problemas de naturaleza mundial tienen causas distantes,
frecuentemente radicadas en sociedades económicamente mas poderosas y muchas veces
desaprensivas en la generación de externalidades que recaen sobre otros pueblos y otras
generaciones,
Recordando que la comunidad internacional ha establecido que en materias ambientales
las responsabilidades, si bien son comunes, son asimismo diferenciadas porque ni todos han
generado el mismo volumen de contaminación ni todos poseen los mismos recursos
económicos y tecnológicos que permitirán revertir las tendencias y cuando sea posible
mitigar los daños;
Conmovidos por la ola de calor que afecta a Europa e informados por la comunidad
científica que los efectos negativos del cambio climático serán experimentados con
mayor intensidad por los países en desarrollo, que son precisamente los que tienen
menores posibilidad de adaptarse a esos cambios,
Reconocidos a la sociedad Civil que ha puesto todo su esfuerzo para alertar a las
autoridades y concientizar a la opinión pública sobre estos fenómenos;
Deciden apoyar e impulsar estudios conjuntos de científicos argentinos y chilenos
sobre los efectos del cambio climático y el deterioro de la capa de ozono en las zonas
patagónicas y en la Antártida, con especial énfasis en la interrelación existente
entre estos fenómenos, con la necesaria cooperación internacional adicional a los
recursos y esfuerzos que realizan Argentina y Chile.
Exhortan a los países desarrollados que son partes del Convenio Marco de las Naciones
Unidas sobre el cambio climático para que ratifiquen el Protocolo de Kioto a fin de que
su entrada en vigor modifique la tendencia de crecimiento de las emisiones de gases de
efecto invernadero e inicie un movimiento hacia la equidad en el volumen de las emisiones
por habitantes.
Exhortan asimismo a las Partes de la Convención de Viena para la Protección de la
Capa de Ozono y del Protocolo de Montreal relativo a las Substancias que agotan la Capa de
Ozono, particularmente aquellos Estados desarrollados que son los mayores consumidores de
esas substancias y sus precursores, para que controlen el eficiente cumplimiento de sus
compromisos y supriman el