| 215. La toma de conciencia por parte
de los poderes públicos de los Estados de la Región sobre los problemas ambientales
nacionales, regionales y mundiales ha sido creciente en las últimas dos décadas. Fruto
de ello han sido las declaraciones de políticas, la creación de organismos ambientales
de tendencia holística en el tratamiento de los problemas, la inclusión de la temática
ambiental en las Constituciones Políticas que se han reformado, el dictado de leyes
ambientales, la incorporación de programas de educación ambiental, una mayor atención a
las tendencias de la opinión pública, una activa participación en los foros
internacionales, una demostrada vocación de consensos regionales , etc. 216. En lo que hace a las modalidades implantadas para
estructurar la gestión ambiental en todos los niveles y sectores del Estado, aún con las
falencias que puedan provenir de no contar con una información suficiente u homogénea,
en los Capítulos anteriores se ha procurado reflejar medianamente los esfuerzos
realizados por los países.
217. En este Capítulo se intentará hacer un
balance de los resultados alcanzados, tomando muy en cuenta las opiniones vertidas por los
propios países en la encuesta que se hiciera circular, sin perjuicio de volcar algunas
hipótesis propias que incentiven la discusión del presente documento.
218. El relevamiento realizado muestra, en primer
lugar, el positivo avance institucional que ha significado la creación, en prácticamente
todos los países, en algunos antes, en otros más tarde, de "organismos ambientales
principales" lo que es demostrativo de que los Estados han asumido como definitivo
que los problemas ambientales deben ser encarados por el Estado y que su abordamiento por
éste amerita la creación de una instancia institucional propia, distinta de las que
hasta entonces eran tradicionales en la administración pública.
219. Sin embargo, pese a lo relevante de este hecho,
la realidad muestra que en la región, tomada como conjunto, la degradación ambiental ha
continuado su ritmo de décadas anteriores y, en varios campos, se ha agravado aún más.
Los propios gestores públicos, las organizaciones no gubernamentales, los medios de
comunicación y la sociedad civil en general expresan la sensación de que la concreción
de los objetivos del desarrollo sostenible se va tornando, a medida que transcurre el
tiempo, más lejana que próxima, más difícil que viable.
220. A pesar del desarrollo que ha tenido la
legislación ambiental su grado de aplicación concreta ha sido y es, en general, muy
bajo. Las conductas de buena parte de los agentes sociales que podrían calificarse de
principales responsables del deterioro ambiental han variado mucho menos de lo que esa
legislación pretendió al momento de su dictado y, a su vez, las estadísticas sobre la
efectiva penalización estatal de las conductas antijurídicas muestran índices muy
bajos. La sociedad percibe amplios bolsones de "impunidad jurídica ambiental";
ello desmerece el valor de las leyes en cuanto instrumento idóneo de la gestión
ambiental y provoca falta de credibilidad en las instituciones estatales responsables del
control y la gestión. Ahora que existen los organismos ambientales la sociedad tiende a
atribuir a éstos, con eclusividad, la responsabilidad por esos resultados negativos.
221. Lo mismo ocurre cuando el Estado, a pesar de
declarar como prioritarias las políticas ambientales de prevención, emprende por si
mismo o autoriza a los agentes económicos privados, la ejecución de proyectos de
inversión en obras públicas o en sectores productivos que terminan generando importantes
efectos ambientales adversos. Nuevamente la sociedad, en estos casos, tiene a atribuir
estas situaciones a la ineficiencia de los organismos ambientales.
222. Sin embargo, la realidad es que dichas
situaciones y muchas otras, suelen obedecer a causas más complejas en las que confluyen
factores exógenos y endógenos a los organismos ambientales.
223. Entre los primeros, se destaca uno que es
común a todos los países. Prácticamente la totalidad de los organismos ambientales han
nacido o debido crecer y consolidarse, en el contexto de la llamada "crisis de la
deuda" desatada a partir de 1982. Ésta originó profundas medidas de achicamiento
del Estado y de ajuste del gasto público que solieron ser impiadosas con las necesidades
de consolidación de los nacientes organismos ambientales y de sus requerimientos de
recursos humanos y presupuestarios exigidos para llevar adelante las políticas
ambientales declaradas por el propio Estado al crearlos.
224. No se ha considerado conveniente volcar en este
documento las cifras recogidas en cuanto a los recursos humanos y presupuestarios
asignados a los organismos ambientales de cada país ya que, para alcanzar resultados
comparativamente útiles, los aspectos cuantitativos deberían ser contrastados con datos
tales como la dimensión de los territorios, las cantidades de población, la magnitud y
diversidad de los problemas ambientales, los alcances jurisdiccionales de los respectivos
organismos ambientales y otros que hacen al marco de la gestión de cada uno y que exceden
las posibilidades de este informe. Pero sí puede señalarse que prácticamente en la
totalidad de los casos:
a) Los recursos presupuestarios son insuficientes, de una
manera importante, para cubrir las necesidades de los organismos con relación a las
funciones que les han sido asignadas por su ley de creación.
b) Esas falencias económicas son especialmente
condicionantes de las posibilidades de contar con recursos humanos en número suficiente y
equipamiento apropiado (movilidad, laboratorios, instrumental, etc.) para ejercer las
funciones de vigilancia y control.
c) En la conformación de los equipos multidisciplanarios
componentes de sus plantas, el reclutamiento de profesionales idóneos se ha visto
condicionado por la escasa formación ambiental brindada tradicionalmente por las
universidades y agravado por la imposibilidad, emergente de la falta de recursos
económicos asignados, para suplir esas falencias mediante programas internos de
capacitación o, aún, para aprovechar oportunidades externas de formación (becas y
pasantías de organismos cooperantes, por ejemplo) dada la dificultad, por escasez de
personal, de prescindir temporariamente, durante el período de la beca o pasantía, de
los profesionales que podrían aprovecharlas.
d) En cuanto a los recursos humanos profesionales, las
diferencias salariales entre el sector público y privado, dificulta la incorporación y,
luego, la retención de los profesionales más preparados.
e) En varios casos se ha observado que la cooperación
internacional, principalmente del BIRF, el BID, el PNUD, el PNUMA y las agencias
cooperantes de países desarrollados aportan al organismo ambiental sumas que superan en
muchos millones de dólares a las asignadas en los presupuesto estatales.
225. Existen también muchas situaciones en las que
el esfuerzo político implícito en la creación del organismo ambiental no ha sido
continuado después en su etapa de estructuración y consolidación, no sólo en cuanto a
las necesidades de recursos humanos y económicos, sino también en cuanto al
aseguramiento, en el aparato estatal, del espacio político necesario para coordinarse
"con" e influir "en" las políticas de repercusión ambiental de otros
sectores o niveles del Estado. Ello ha llevado a casos de verdadera orfandad o minusvalía
del organismo ambiental en el seno del Estado.
226. Otro factor exógeno, lo ha constituído la
insuficiente comprensión, por parte de los sectores políticos y de diversos estamentos
estatales, de las dimensiones transectoriales y verticales de las políticas ambientales y
de desarrollo sostenible que, a diferencia de otras políticas estatales, para tener
éxito deben involucrar al conjunto del Estado. Se ha chocado, en este sentido, con
tradicionales tendencias al enfeudamiento sectorial, reacio a incorporar dimensiones
políticas nuevas como son la ambiental y la del desarrollo sostenible y, también, a la
coordinación de su accionar con el de otras áreas, especialmente si el rol coordinador
no le pertenece al organismo sectorial cuya cooperación se pretende.
227. En tal sentido, generalmente no se ha advertido
que además de crear el organismo ambiental hubiera sido necesario definir las materias
propias de otros ministerios u organismos sectoriales en las que aquél debía tener
necesaria ingerencia, o las responsabilidades ambientales de cada sector, así como la
creación de unidades ambientales sectoriales y territoriales destinadas a insertar las
consideraciones ambientales en las políticas, programas y proyectos de cada sector o
estamento vertical del Estado.
228. También, los responsables del manejo de la
hacienda pública, siguiendo recomendaciones del Fondo Monetario Internacional que
prefiere cuentas únicas estatales, han sido y son reacios a dotar a la gestión ambiental
de Fondos Especiales Ambientales, aún cuando fueran generados por recursos provenientes
de las sanciones por infracciones a las leyes ambientales o de tributos expresamente
establecidos con ese destino. Del mismo modo, tampoco han acompañado, en la generalidad
de los casos, la implantación de incentivos y desincentivos económicos como instrumentos
de las políticas ambientales.
229. No puede tampoco dejar de señalarse como
factor exógeno, que si bien, en general las Organizaciones No Gubernamentales
Ambientalistas juegan un papel importante en la concientización de la población y
aportan ideas útiles para la gestión ambiental, más de una vez expresan posiciones
ultraconservacionistas o fundamentalistas que mellan, ante la opinión pública, ciertas
posiciones equilibradas que los organismos ambientales han asumido frente a determinados
proyectos públicos o privados. Las dificultades para establecer en algún punto del
territorio plantas de tratamiento y disposición de residuos peligrosos, originadas por
ONGs locales, constituye un buen ejemplo de ello.
230. Se ha registrado, asimismo, cuando la
expectativa ha sido puesta en el respaldo de una nueva jurisprudencia, cierta
incomprensión del Poder Judicial para el reconocimiento de los nuevos criterios ínsitos
en el Derecho Ambiental que, en muchos casos, difieren de los clásicamente
individualistas del Derecho Civil.
231. Las instancias de descentralización
territorial de los organismos ambientales, necesarias para el manejo de los problemas
locales, muestran, muchas veces, dificultades de implementación de las políticas y,
aún, de aplicación de las leyes y reglamentos, derivadas de la influencia de los poderes
económicos en comunidades pequeñas, del caudillismo y el clientelismo políticos así
como de los fenómenos de corrupción de los agentes encargados del control ambiental.
232. Por otro lado, y entrando ya en los factores
endógenos, no pueden desconocerse ciertos errores de "estilo en la gestión" de
los funcionarios de los organismos ambientales que, inclusive a veces sin merituar la
debilidad política que quizás padece el organismo, buscan a través de la imposición la
inserción de criterios ambientales en el resto del aparato estatal, lo que, aunque de
buena fe, conspira contra las posibilidades de conversión de mecanismos burocráticos
tradicionales acostumbrados, por inercia o por formación profesional, a no tomar en
cuenta la protección ambiental y los objetivos del desarrollo sostenible. Pareciera que
fuera necesario desarrollar estrategias de discusión basadas más en la persuasión, en
la capacitación de los otros sectores y estamentos estatales y en el adecuado
reconocimiento de ciertas prioridades sectoriales y locales que no siempre deben ser
desconocidas de plano sino que, a veces, pueden ser objeto de una constructiva y oportuna
rectificación.
233. No hay porque pensar, tampoco, que los agentes
de los organismos ambientales sean inmunes al "tecnocratismo" que muchas veces
se atribuye a los profesionales de la administración pública y éste es un fenómeno que
no siempre es advertido por los funcionarios políticos, restando cierta flexibilidad, a
veces necesaria y posible, en las posiciones públicas asumidas por los organismos
ambientales. Ello origina una tendencia a marginarse totalmente de determinados procesos
decisionales en vez de enancarse en ellos para influir desde adentro.
234. Las posturas maximinalistas son también
habituales a la hora de proponer o establecer normas jurídicas y técnicas, a veces
actuando, con una baja dosis de creatividad, como meros copistas de leyes o reglamentos de
otras latitudes, sin aceptar mecanismos progresivos de adaptación que, a veces, los
agentes deteriorantes del ambiente necesitan para pasar de situaciones negativas a
situaciones óptimas.
235. Es común también que, en su organización
interna, los organismos ambientales adopten formas de "compartimentación
temática", que se reflejan en la estructura interna de la mayoría de ellos, y que
conspiran contra la posibilidad de abordar multidisciplinariamente determinados problemas,
en vez de adoptar modelos matriciales de gestión en que todas las disciplinas y sectores
del organismo participen en la preparación de las decisiones. El fluxograma decisorio
pareciera, entonces, un tema de funcionamiento interno que los organismos ambientales no
debieran descuidar.
236. Suele ocurrir también, por último, que un
academicismo o perfeccionismo exagerado, proclive a convertir a los organismos ambientales
en productores, nada más, de permanentes estudios o diagnósticos ambientales, paralice o
raquitice la operatividad efectiva del organismo en la formulación de políticas y
programas con cierta dosis de viabilidad política. Una vez más, parece que debiera
tenerse en cuenta aquello de que muchas veces "lo mejor es enemigo de lo bueno".
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