Dirección de Conservación de Suelos
Consejo Agrario Provincial

"El hombre podrá dejar su impronta sobre
el paisaje, pero nunca terminará de domar
a la NATURALEZA"

 

SUELOS

 

Hemos visto, que el intemperismo desintegra las rocas existentes y aporta materiales para formar otras nuevas. Sin embargo, el intemperismo desempeña también un papel importantísimo en la creación de los SUELOS que cubren la superficie de la Tierra y sustentan toda la vida. En los últimos años se ha desarrollado la ciencia de la PEDOLOGIA, que se ocupa del estudio de los suelos (del griego, pedón, “suelos” y logos, “tratado o razón”, o sea, “conocimiento del suelo o ciencia del suelo”)
Un suelo refleja hasta cierto grado, el material del cual se derivó y en algunos casos aun puede uno delimitar la distribución de rocas por los tipos de suelo que descansan sobre ellas. Pero a medida que se ha contado con más información, se ha visto que la roca basal no es el único factor que determina el tipo de suelo. Los especialistas rusos, siguiendo los trabajos iniciales de V.V:Dokuchaev (1846-1903), demostraron que diferentes suelos se desarrollan sobre rocas idénticas en áreas distintas cuando el clima varía de un área a otra. La idea de que el clima ejerce gran influencia sobre la formación del suelo fue introducida en los Estados Unidos hacia 1920 por C.F.Marbut (1863-1935), quién durante muchos años desempeñó la jefatura del Servicio de Suelos de los Estados Unidos en el Departamento de Agricultura. A partir de esa época, los especialistas has descubierto que aún otros factores ejercen influencias importantes sobre el desarrollo del suelo. Por ejemplo, el relieve de la superficie del terreno desempeña un papel significativo. El suelo de la cima de un cerro difiere del de la ladera, el que a su vez no es igual al del nivel del terreno al pie del cerro, aunque los tres tipos de suelo descansan sobre una roca basal idéntica. El paso del tiempo es otro factor. Un suelo que apenas comenzó a formarse difiere de otro que se ha estado desarrollando durante miles de años, aun cuando el clima, la roca basal y la topografía sean iguales en cada caso. Finalmente el tipo de vegetación de un área influye sobre el tipo de suelo que allí se desarrolle. Debajo de un bosque de pinos se desarrollará un tipo de suelo, bajo un bosque de árboles caducos habrá otro y en una pradera cubierta con pastos existirá todavía otro tipo de suelo.

 

¿Qué es exactamente un suelo?

Es un material superficial natural, que sostiene la vida vegetal. Cada suelo posee ciertas propiedades que son determinadas por el clima y los organismos vivientes que operan por períodos de tiempo sobre los materiales de la tierra y sobre el paisaje de relieve variable. En razón de que todos estos factores, se combinan de varias maneras sobre todas las áreas del globo, el número posible de tipos de suelo es casi ilimitado.
Sin embargo, es posible realizar ciertas generalizaciones válidas acerca de los suelos. Sabemos, por ejemplo, que la composición de un suelo varía con la profundidad. El afloramiento natural o artificial de un suelo revela una serie de zonas diferentes entre sí. Cada una de estas zonas constituyen un HORIZONTE o PERFIL DEL SUELO.


Los tres horizontes o zonas principales de un suelo típico, se pueden describir, de abajo arriba, como sigue:

* Horizonte C: esta es una zona de roca parcialmente desintegrada y descompuesta. Parte de los minerales de la roca basal original están presentes todavía, pero otros se han transformado en materiales nuevos. El horizonte C pasa gradualmente hacia abajo a la roca inalterada.

* Horizonte B:
esta zona descansa directamente sobre el horizonte C; en ella el intemperismo ha actuado con mayor intensidad que en la zona subyacente; sólo aquellos minerales de la roca original más resistentes a la descomposición (el cuarzo por ejemplo), se pueden reconocer todavía. En otros se han convertido en nuevos minerales o en sales solubles. A causa de que el material se deposita en el horizonte B, se conoce a éste con el nombre de "zona de acumulación".

* Horizonte A:
es esta la zona superior - en la que podemos introducir una pala cuando escarbamos en un jardín. Esta es la zona de la cual los óxidos de hierro han pasado al horizonte B, y en los climas secos es la fuente de algunos materiales solubles que pueden ser depositados en el horizonte B. El proceso mediante el cual estos materiales son arrastrados hacia abajo por el agua del suelo, se llama LIXIVIACION y al horizonte A se le da alguna veces el nombre de "zona de lixiviación". La presencia de cantidades variables de materia orgánica tiende a dar al horizonte A un color que va del gris al negro.Los tres horizontes de suelo se han desarrollado a partir del material originado subyacente. Cuando este material queda expuesto por primera vez en la superficie, la parte superior queda sujeta a un intemperismo intenso y la descomposición actúa rápidamente. Conforme avanza la descomposición del material, el agua que percola hacia abajo comienza a lixiviar algunos de los minerales y los deposita en niveles inferiores. Así se forman gradualmente el horizonte A y el horizonte B. Pero el intemperismo continúa, aunque ahora a menor velocidad, sobre el material subyacente, dando lugar a la formación del horizonte C. Con el paso del tiempo el horizonte C alcanza niveles cada vez más profundos dentro del material inalterado subyacente, el horizonte B se desplaza hacia abajo y el horizonte A, a su vez, paso los límites de la parte superior del horizonte B. Finalmente, queda constituido un suelo "maduro".

 

 

 
¿Por qué es importante entender los suelos y los procesos que los forman?
  1. Los suelos dan indicio acerca del medio en el que se formaron originalmente. Mediante el análisis de un suelo antiguo, podemos determinar el clima y las condiciones físicas que prevalecían cuando se formó.
  2. Algunos suelos son fuente de depósito minerales valiosos, y el proceso de intemperismo enriquece con frecuencia depósitos que de otra manera resultarían de baja ley, haciendo ahora costeable su explotación. En consecuencia, el entender los suelos y los procesos que los forman puede servir como guía en la búsqueda de ciertos minerales.
  3. Dado que los suelos reflejan en cierto grado la naturaleza de las rocas de las que se derivan, podemos determinar en ocasiones la naturaleza de las rocas subyacentes analizando el suelo.
Composición física y química de los suelos

El color del suelo es un factor, cuyas características son evidentes. El color puede decirnos acerca de cómo se ha formado un suelo y de los materiales que lo componen. Los distintos horizontes del suelo se distinguen generalmente por su diferente coloración. Estas van aumentando en intensidad, desde el blanco hasta el negro, pasando por el pardo, a medida que aumenta su porcentaje de humus, que es materia orgánica parcialmente descompuesta y finamente dividida. Esta abundancia va a depender de la abundancia de vegetación y de la intensidad de la actividad microbiana, factores que a su vez, dependen del clima.
Así en las latitudes medias, encontramos que el color de los suelos va desde el negro o pardo oscuro en las regiones húmedas y frías hasta pardo claro o gris en las estepas semiáridas y en los desiertos. Los suelos de los desiertos tienen poco o nada de humus.
Los suelos rojizos y amarillos, son colores que resultan de la presencia de pequeñas cantidades de compuestos de hierro; el rojo está asociado con el sesquióxido de hierro (Fe2O3), e indica que el agua se filtra fácilmente a través del suelo, aunque localmente el color puede ser debido a la presencia de rocas tales como areniscas o pizarras rojas; mientras que el amarillo puede indicar la presencia del mismo compuesto de hierro combinado con agua (óxido hidratado de hierro). Los colores grisáceos y azulados de los suelos (climas húmedos), indican la presencia de compuestos de hierro reducidos y denotan que la filtración es escasa o la existencia de pantanos. Los suelos grisáceos (climas secos), indican que el humus es escaso; el color blanco puede ser consecuencia de sales depositadas en el suelo.

Perfiles del suelo. Podemos observar diferentes tonalidades.
Fuente: Geografía Física. Arthur Strahler

 

La textura del suelo hace referencia al tamaño de las partículas que lo componen . Las partículas se clasifican en varios grados de gravas, arena, barro y arcilla en orden decreciente de tamaño. La textura es importante porque determina en gran parte la retención de agua y las propiedades de transmisión del suelo. La arena puede drenar demasiado rápidamente; en un suelo arcilloso los poros son demasiado pequeños para permitir un drenaje adecuado. Donde las proporciones de arcilla y limo son elevadas la penetración de las raíces resulta dificultoso. En términos generales, las texturas equilibradas (se refiere a una mezcla en la que no predominan ninguno de los tres grados sobre los otros dos: limo arcilla, arena) son las óptimas para el crecimiento de las plantas.
La estructura del suelo hace referencia a la manera en que las partículas del mismo se agrupan en fragmentos mayores. Las partículas irregulares de aristas y vértices agudos dan lugar a una estructura en bloques con forma de nuez. Si las partículas son más o menos esféricas, la estructura es granular. Algunos suelos tienen estructura prismática o en columnas, formada por prismas o columnas verticales de tamaño comprendido entre 0,5 y 10 centímetros. La estructura laminar consiste en trozos planos en posición horizontal. La estructura influye en la proporción de agua que es absorbida por el suelo, en la susceptibilidad del suelo a la erosión y en la facilidad de cultivo.

 

Estructura en placa


Estructura prismática

Estructura en bloque


Estructura granular

Fuente: Geografía Física. Arthur Strahler

 

Otro constituyente del suelo es el aire del suelo, que ocupa sus espacios porosos cuando el agua no lo satura. El agua del suelo es agua retenida temporalmente es el mismo, y es en realidad una solución química compleja.

Factores y procesos que intervienen en la formación del suelo.

En el desarrollo y formación del suelo intervienen numerosos tipos de procesos, algunos de ellos son de tipo pasivo; otros son agentes activos. Los cinco principales formadores del suelo son:

  • La materia madre,
  • El relieve o topografía
  • El tiempo.
  • El clima
  • Actividad biológica.

El primero de los formadores del suelo de tipo pasivo es el material madre, es decir, el manto, ya sea residual o transportado, de roca disgregada que constituye la mayor parte del suelo. Una excepción a la regla general de que el tipo de suelo no depende del material madre la encontramos en los suelos jóvenes que no han tenido suficiente tiempo para desarrollarse.

Otro formador del suelo de tipo pasivo es el relieve o topografía , cuando una pendiente es acusada, la erosión superficial por escorrentía es más rápida y la penetración del agua menor que pendientes más suaves. Esto significa que el suelo será tanto más delgado cuanto más aguda sea una pendiente. Las áreas llanas y altas acumulan un suelo grueso, que tiene una capa amplia y densa de arcilla y que está excesivamente lixiviado. En tierras llanas y bajas, también poseen suelos gruesos, pero están pobremente lixiviados y son de color oscuro. Aquí, la lixiviación, retarda la descomposición de la vegetación y hace que se acumule el humus. Otro aspecto de la influencia del relieve es la orientación de la superficie con respecto a los rayos del sol. Ya que aquellas orientadas al Sur (pendientes), están expuestas a los efectos caloríficos y desecantes de la luz solar, poseen diferentes tipos de vegetación; mientras que aquellas orientadas al Norte, conservan el frío y la humedad durante más tiempo.

Un tercer factor pasivo que interviene en la formación del suelo, es el tiempo. Se dice que un suelo es maduro cuando han actuado sobre él todos los procesos un tiempo lo bastante largo para haber desarrollado un perfil que cambiará sólo de modo imperceptible en el futuro. Mientas que se considera a un suelo joven, a aquel que ha evolucionado a partir de depósitos de origen fluvial o glacial, en estos suelos los horizontes característicos están poco desarrollados o faltan por completo. De todos los procesos que intervienen activamente en el desarrollo del suelo, el clima es quizás el más importante. Los elementos climáticos que influyen en el desarrollo del suelo son:

  • La humedad (precipitación, evaporación y humedad relativa).
  • Temperatura.
  • El viento.

La precipitación suministra el agua necesaria para las actividades biológicas y químicas del suelo. En cambio, las precipitaciones excesivas tiende, a eliminar por lixiviación sustancias importantes para el desarrollo de los suelos. Este proceso de arrastre por el agua que se filtra a través del suelo, se conoce con el nombre de ELUVIACION.

En los climas secos, la evaporación excede a la precipitación y el suelo está seco durante largo períodos. Debido a la capilaridad, el agua de saturación asciende lentamente a la superficie, donde se evapora, abandonando las sales que llevaba disueltas. El carbonato de calcio, es la sal que se deposita formando una costra blanquecina sobre el suelo.

La temperatura es otro factor, climático importante en la formación de suelos. Actúa de dos maneras:

  • La actividad química se incrementa al aumentar la temperatura y se reduce al disminuir ésta, cesando cuando el agua del suelo se hiela.
  • La actividad de las bacterias intensifica al aumentar la temperatura del suelo. Allí donde las bacterias proliferan (regiones húmedas) consumen todas las plantas que yacen en el suelo, lo que conlleva a que no exista una capa vegetación en descomposición sobre el suelo y la cantidad de humus es pequeña. En los climas continentales fríos, la acción bacteriana es más reducida y una capa abundante de vegetación en descomposición cubre el suelo del bosque, por ejemplo.

El viento, por su parte, incrementa la evaporación y arranca de la superficie del suelo en regiones áridas la protección vegetal. El polvo arrastrado por el viento puede acumularse en cierta áreas y constituir el material a partir del cual se formará el suelo, o bien puede causar la formación de médanos y dunas.

Tanto las plantas como los animales tienen una gran influencia en el desarrollo del suelo. El reino vegetal consta de la macroflora (árboles, arbustos y hierbas) y la microflora (bacterias y hongos).
Las plantas contribuyen a mantener la fertilidad del suelo haciendo ascender las sustancias (calcio, magnesio, potasio) de los estratos inferiores del suelo a los tallos y hojas, y abandonándolas después en su superficie al descomponerse.
La vegetación muerta da lugar al humus, la materia orgánica inerte del suelo, dándole ese color pardo oscuro o negro. El proceso formador de humus o humificación es, esencialmente, la oxidación lenta de la materia vegetal.

Por su parte, la microflora, es decir, los hongos y las bacterias, encontramos que las bacterias consumen humus. En los climas fríos, el crecimiento de las bacterias es lento, y por lo tanto, el humus se puede acumular en y sobre el suelo. Los suelos de los climas subárticos y de tundra tienen mucha materia orgánica sin descomponer, que se acumula en ciertos puntos, dando lugar a capas de turba, pero en los climas tropicales y subtropicales la acción bacteriana es intensa y toda la vegetación muerta es oxidada rápidamente por las bacterias. El humus es casi inexistente.
Otra función de algunas bacterias consiste en tomar nitrógeno gaseoso de la atmósfera y darle la forma química apropiada para que pueda ser utilizado por las plantas. Este proceso se denomina fijación de nitrógeno.

La acción de los animales sobre el suelo, es principalmente mecánica. Las lombrices de tierra tienen un papel destacado en las regiones húmedas. No sólo remueven continuamente el suelo, sino que además modifican su contextura y su composición química haciéndolo pasar por sus aparatos digestivos. Las hormigas y los termes acarrean grandes cantidades de material desde los horizontes inferiores hasta la superficie. Animales como topos, ratas y roedores de campo alteran y remueven el suelo. Al construir sus madrigueras transportan a la superficie los estratos de suelo inferiores: el derrumbamiento de éstas hace que el suelo superficial pase a niveles inferiores.

TODOS LOS SERES VIVIENTES, incluyendo a los humanos, necesitan de la humedad para sobrevivir. Así, no resulta extraño que las regiones secas de la Tierra estén escasamente pobladas. Es así que los desiertos cubren cerca de una tercera parte de los continentes, aunque aún no hay una definición aceptada generalmente de lo que es un desierto, podemos decir, en líneas generales que "un desierto se caracteriza por la falta de humedad, lo que explica, entre otras cosas, la restricción en cuanto al número de seres vivientes que pueden habitarlo"
En el desierto puede existir muy poca humedad inicial, o la que naturalmente tiene puede ser evaporada por temperaturas extremadamente altas o encerradas en hielo por un frío extremo.

Clima:

  • Precipitaciones: la lluvia en los desiertos es tan escasa como irregular, cuanto más escasa, más errática y difícil resulta predecirlas. En consecuencia, las estadísticas sobre precipitaciones son de poca utilidad para vaticinar lluvias en un desierto. En el pueblo de Iquique (Chile), por ejemplo, transcurrieron 4 años sin lluvias, pero en el quinto hubo un solo aguacero de 15 mm. Podríamos decir, que el promedio de lluvias en 5 años fue de 3 mm.
  • Temperaturas: En el desierto, las temperaturas varían de un extremo a otro en solo unas cuantas horas. El aire se calienta rápidamente durante el día y se enfría rápidamente en la noche, particularmente en los desiertos tropicales, estos ubicados a ambos lados del Ecuador, son muy parecidos los inviernos y los veranos; sin embargo en los desiertos topográficos, bastante más allá del Ecuador, los inviernos a menudo son muy severos.
  • Vientos: Para hacer más ingrato aún el clima, soplan vientos impetuosos sobre la tierra seca, sin el freno que la vegetación representa, arrastra enormes nubes de polvo a grandes alturas sobre la superficie y mueve partículas de arena a lo largo del terreno. Localmente, los vientos son ayudados posiblemente por el rápido calentamiento del aire durante el día, lo que provoca movimientos ascendentes repentinos y refuerza el movimiento general de los vientos de la superficie correspondiente a los desiertos mismos.
    A causa de la falta de humedad en los desiertos, la velocidad del intemperismo o meteorización, tanto mecánica como química, es extremadamente lenta. Puesto que la mayor parte del material desgastado consiste en fragmentos de minerales y rocas inalteradas, probablemente predomina el intemperismo mecánico; este obedece en parte, a la gravedad, como el lajeamiento de las rocas, cuando se desprenden de un acantilado. La arena llevada por el viento produce también cierto grado de intemperismo mecánico. La inundación repentina por un chaparrón, desplaza material a niveles inferiores, reduciendo el tamaño de los fragmentos de roca, puliendo la superficie de roca en el proceso. Las amplias variaciones de temperatura, provocan la expansión y contracción de las rocas y pueden producir algún intemperismo mecánico.

Pocas de las corrientes que fluyen a través de las regiones desérticas alcanzan el mar. Y las pocas que lo logran, tales como el río Colorado en los Estados Unidos y el Nilo de Egipto, se originan en áreas bien dotadas de agua, donde la reciben en cantidad suficiente para sustentarla a lo largo de su curso a través del desierto. Sin embargo, la mayor parte de los cauces están secos durante largas temporadas y solamente tienen escurrimiento cuando sobreviene alguna lluvia ocasional. Con todo, el flujo es de corta duración, pues el agua, o se evapora rápidamente o desaparece entre las piedras y escombros altamente permeables.
Aunque la lluvia total es escasa, y se distribuye irregularmente sobre estas regiones, el escurrimiento de una sola lluvia en el desierto, es a menudo, catastrófica. La misma deficiencia de lluvia es la principal razón de la gran efectividad del agua como agente geológico en el desierto. Puesto que no hay suficiente agua para sostener una cubierta de vegetación protectora, el escurrimiento de las raras lluvias barre la superficie sin impedimento alguno.
Las gotas de lluvias que caen sobre una superficie árida, son agentes de erosión notablemente efectivos, pues cada gota tiende a arrojar al aire partículas de material son consolidar. Las mediciones han demostrado que pueden mover hasta 250 toneladas de material por hectárea, simplemente por medio de la salpicadura. En una superficie a nivel las partículas se mueven hacia delante y hacia atrás, pero en una superficie inclinada tienden a moverse pendiente abajo.

 

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