LOS BOSQUES ANDINO - PATAGÓNICOS EN SANTA CRUZ Y SU FAUNA
Biólogo Carlos ALBRIEU -Biólogo Silvia FERRARI.

 



Aspecto del bosque andino-patagónico, Monte Zeballos, Santa Cruz
(Foto Salazar-Rial)

 

Descansando sobre los faldeos de los Andes Patagónicos, se extienden los bosques subantárticos o andino-patagónicos, los que ocupan la porción oeste de la provincia de Santa Cruz. En esta unidad biogeográfica predominan los cordones montañosos, glaciares de hielo, valles glaciarios, torrentes, depósitos morénicos y grandes lagos de aguas profundas. Se trata de una formación forestal templado- fría, subhúmeda, en la cual se alternan bosques de lengas y ñires, con valles intermontanos y pastizales de altura.

En términos de proporcionar hábitats, el bosque presenta distintos componentes de los cuales dependen diversos tipos de organismos. Si se analiza su estructura vertical se podrá comprender la importancia que tiene cada uno de sus estratos. Las diferencias que se presentan en el piso, estrato arbustivo, fustes, árboles caídos o en el dosel del bosque, en cuanto a las condiciones de humedad, intensidad lumínica, aporte de nutrientes o disponibilidad de espacio y refugio, se traduce en una mayor complejidad y diversidad de hábitats que en la estepa.

El piso del bosque, conformando por las capas de suelo orgánico, el mantillo y la hojarasca, contiene comunidades de hongos, líquenes y numerosos microorganismos. Un gran aporte de biomasa a este nivel queda constituído por la descomposición de los troncos caídos. Este proceso, si bien es bastante lento, produce un suministro continuo de materia orgánica para el ecosistema, dado fundamentalmente por el nitrógeno y el fósforo. Estos elementos ingresan al ciclo de nutrientes del bosque y quedan a disposición de las plantas para su reutilización.

El microambiente así generado es además el sustento de una variada comunidad de insectos, concentrados sobre todo en la capa del mantillo. Ellos constituyen unos de los primeros escalones de la trama trófica del bosque. Las aves insectívoras encuentran en este estrato un sitio de forrajeo ideal, que les suministra los requerimientos energéticos indispensables para la vida. Del aporte nutritivo que proporcionan los insectos también dependen fuertemente los pequeños mamíferos que habitan el bosque. A su vez, ellos forman una parte importante de la dieta de predadores, tales como el zorro gris y el zorro colorado, en especial durante la temporada invernal, cuando el resto de los componentes que integran la dieta de estos cánidos ha disminuido. Con la llegada de los meses más cálidos, los zorros diversifican su dieta, incorporando además los frutos provenientes de los arbustos.

Otros habitantes de este ambiente que desarrollan gran parte de su vida en el estrato arbustivo o en las ramas y troncos de los árboles, pueden observarse ocasionalmente visitando el piso del bosque. Una escena que nos resultará familiar, si ingresamos al interior del mismo, es el comportamiento que exhiben algunos pájaros. Posados en las ramas, abandonan la seguridad que estas les brindan para lanzarse de repente hacia el suelo. Luego, los veremos regresar rápidamente al mismo lugar con un insecto capturado en el pico. Esta secuencia seguramente se volverá a repetir sucesivamente cada vez que sus avezados ojos descubran una presa.

Los troncos caídos son asimismo muy importante para desarrollar de larvas xilófagas ( comedoras de madera) y de una amplia gama de insectos, sirviendo además como refugio de roedores. Los pájaros carpinteros especializados en la captura de larvas e insectos, aprovechan la vida que bulle en estos troncos en pudrición para complementar su sustento diario.

En la zonas donde el dosel se abre permitiendo el ingreso de la luz se genera un estrato arbustivo, hábitat seleccionando por una interesante diversidad de aves. A las especies residentes del bosque se suman aquellas registradas mas comúnmente en los matorrales de la estepa, quienes incursionan para hacer uso de las variadas alternativas alimenticias que allí encuentran: frutos, semillas o insectos.

El dosel por su parte, es un lugar para el asentamiento de los nidos de algunas especies de aves nativas del bosque. Diferente rapaces usan las ramas mas fuertes y altas de los árboles como sitios de apostadero, lugar privilegiado para vigilar su territorio de caza.

 

¿ Cuáles son los representantes faunísticos más comunes en el bosque?

De los representantes de la fauna silvestre que se encuentran en el bosque, son sin dudas las aves las que atraen mayormente nuestra atención. El motivo reside no sólo porque se visualizan con mayor asiduidad, sino por los melodiosos cantos y variedad de forma y colores que exhiben.

Algunas de ellas son habitantes de estas formaciones boscosas: anidan, se alimentan o residen en las márgenes o en el interior de los bosques. Otras, viven en la periferia y ocasionalmente lo visitan. Entre las más notables y cuya presencia es bastante constante, especialmente en el bosque denso de Nothofagus, se encuentra un pequeño furnárido, conocido con el nombre de rayadito (Aphrastura spinicauda), que en bandadas recorre ágilmente las ramas de los árboles revisando la corteza en busca de arañuelas e insectos. Comportamiento similar presenta otro miembro de esta familia: el picolezna patagónico (Pygarrhichas albogularis), hábil trepador que utiliza su pico levemente curvado hacia arriba (de allí su nombre vulgar) para hurgar entre las hendiduras de la corteza.

El picaflor rubí ( Sephanoides sephanoides), común en los bosquecitos de notros, vuela de flor en flor libando su néctar. Cuando se desplaza de una planta a otra produce un característico zumbido, generado por el movimiento incesante de las alas. El zumbido sólo se interrumpe cuando el colibrí permanece inmóvil, suspendido en el aire, para alimentarse en una flor. Este sistema de alimentación transforma a esta colorida ave en uno de los agentes polinizadores más especializados del bosque.

En sitios visibles para el observador se encuentran habitualmente el fíofío silbador (Elaenia albiceps), pequeño pájaro, inconfundible por un mechón blancuzco que tiene sobre la cabeza, y el comesebo patagónico (Phrygilus patagonicus), con una característica coloración amarillo oro en el vientre y capuchón estriado amarronado en su cabeza. Este pequeño arborícora andino confecciona sus nidos de forma semiesférica, aprovechando para ello las fibras vegetales y restos de plumas, lana o pelos. También son comunes los zorzales patagónicos (Turdus falklandii), que se pueden diferenciar de otras aves del bosque por su pico y patas de color amarillo- anaranjado intenso. Los zorzales se congregan en grupo durante el otoño y el invierno, período en que realizan migraciones locales, alejándose de los bosques hacia las zonas de matorrales o áreas cercanas a la costa.

Los tordos patagónicos (Caraeus curaeus), perteneciente a la familia Icteridae, de renegrido plumaje, son habitantes comunes en los espacios más abiertos y en la interfase bosque- estepa, aunque también frecuentan los arbustales a orillas del bosque. Esta especie se puede hallar junto a los comesebos y a los cabecita negra australes formando bandadas mixtas, fuera de la época reproductiva.
Entre los troncos muertos, las ramas caídas y la hojarasca, anda el churrín andino (Scytalopus megallanicus), especie común en el bosque aunque bastante difícil de observar por su coloración críptica. Sin embargo, su presencia es delatada por un llamado fuerte, que se repite en forma reiterada.

 

El carpintero patagónico (Campephilus magellanicus) tampoco pasa desapercibido. El típico ruido que genera al golpetear su pico contra el tronco de los árboles alerta al visitante sobre su proximidad. El cuerpo negro, la cabeza roja y la blanca mancha de su dorso, permiten identificar al macho de esta especie, en tanto que el capuchón negro y el copete enrulado caracterizan a la hembra. Los fustes viejos constituyen el hábitat preferido de estas aves, por lo cual son frecuentes en los bosques maduros.

 

Carpintero patagónico (Campephilus magellanicus)
Ejemplar joven.
Foto archivo Dirección de Fauna Silvestre

 

El silencio del bosque a menudo se ve interrumpido: son las bulliciosas bandadas del único loro conocido para la zona, la cachaña o cotorra austral (Microsittace ferruginea). Prefieren los bosques densos de lenga, donde se los puede identificar por su llamativa coloración, única entre las aves de la región.

Una especie exclusiva del bosque, que al igual que la cachaña también utiliza los huecos de los árboles para nidificar, es el caburé (Glaucidium nanum), la lechucita más pequeña de la región. Se encuentra en Santa Cruz durante los meses estivales, ya que en la temporada de bajas temperatura efectúa migraciones hacia el norte de la Patagonia, llegado incluso hasta el centro del país.

Apostadas en los árboles, acechando en busca de una posible presa, se encuentran las águilas moras (Geranoaetus melanoleucus), imponentes rapaces que anida en las ramas más fuertes o en los paredones inaccesibles de la Cordillera de los Andes. Se destacan por su pico terminando en gancho, los hombros fuertes, las patas robustas con uñas muy poderosas, capaces de sostener una presa durante el vuelo. Cuando se mantienen en el aire, su figura triangular contribuye a distinguirlas entre otras grandes aves.

En las zonas de bosques ralo es posible diferenciar la imagen de un cóndor (Vultur gryphus) sobrevolando por encima de la copa de los árboles. Esta majestuosa ave realiza una búsqueda minuciosa hasta encontrar la carcaza de algún animal silvestre o doméstico. Si se siente segura, desciende sobre la carroña para alimentarse de ella. De esta forma, presta un importante servicio al limpiar el ambiente de animales muertos.

Especies como los teros, el yal negro, el diuca común y algunas rapaces, visitan el bosque sólo en ocasiones, transcurriendo la mayor parte del tiempo en la zona de ecotono (transición entre el bosque y la estepa). Otras como el martín pescador grande, el sobrepuesto, las remolineras y la gallineta común, se encuentran asociadas a cursos de agua o humedales cercanos al bosque.

Otros habitantes del bosque, no tan visibles pero no menos importantes...

En la espesura del bosque se refugia el único cérvido autóctono que habita en los bosques de Santa Cruz: el huemul (Hippocamelus bisulcus),.Este herbívoro es muy difícil de ver, ya que la intensa persecución de la que fue objeto en épocas pasadas, sumada a la modificación de su hábitat por la introducción de ganado doméstico, restringió su número poblacional al punto tal que en la actualidad se encuentra amenazado de extinción. Por otra parte, su mansedumbre y temor lo llevan a ocultarse en el bosque ni bien detecta con sus grandes orejas la presencia de algún intruso.

 


Huemul (Hippocamelus bisulcus).
Con su metro de alzada y su coloración parda que varía a distintas tonalidades de marrón se confunde muy bien con la vegetación reinante en este lugar, hecho que dificulta aún más su observación. (Foto Mario Díaz).

 

Las márgenes de los bosques y las pasturas de altura, en tanto, son testigos de tropillas de guanacos (Lama guanicoe) que ramonean sobre algunos renovales de árboles y arbustos, consumiendo además gran cantidad de hierbas y pastos. Son muy eficientes en relación con la utilización de la vegetación, ya que no se trata de consumidores especializados en algún sector particular de la planta, sino que alternan entre los retoños verdes y las hojas más duras y secas, usando parte del vegetal que de otro modo se perderá por acción del ambiente. Como especie autóctona, cumple un importante rol ecológico, pues su adaptabilidad, resistencia y morfología corporal hacen que aproveche eficientemente los recursos, aún cuando éstos sean escasos.

 


Guanaco (Lama guanicoe)
El guanaco realiza desplazamienos periódicos, alternando entre distintas áreas de pastoreo.
De esta manera permite que la vegetación se recupere. (Foto Archivo Dirección de Fauna Silvestre)

 

Entre los carnívoros silvestres que habitan en el bosque se destaca por su tamaño, su andar sigiloso y por su increíble astucia, el puma (Felis concolor), cuyo alimento consiste principalmente en mamíferos medianos y aves terrestres, aunque si tiene la oportunidad no vacilará en atacar a los grandes herbívoros, como el huemul o el guanaco. Le sigue en tamaño y en poderío el zorro colorado (Pseudalopex culpaeus), el cánido silvestre de mayor tamaño que encontramos en Santa Cruz. El área de distribución de esta especie se ha extendido prácticamente a toda la provincia, transformándose en el principal predador del ganado doméstico (ovejas). Prefiere los ambientes escarpados y de altura, encontrándose en los cañadones y quebradas de las mesetas basálticas. En las áreas boscosas también es frecuente hallar otra especies de zorro, de tamaño menor que aquél: zorro gris (Pseudalopex griseus), aunque ambos son más habituales de encontrar en las zonas abiertas de la estepa.

Otro de los predadores de este ambiente es el zorrino patagónico (Conepatus humboldtii), mamífero de la familia de los Mustélidos, famoso por las glándulas perianales que secretan un liquido pestilente. Mucho menos carnicero que los anteriores, se alimentan fundamentalmente de insectos, sobre todo de coleópteros, así como de arañas e incluso puede llegar a predar sobre ratones o aves que nidifican en el suelo. Estos animales tienen la capacidad de lanzar esta secreción a considerable distancia, medio que utilizan como principal estrategia defensiva. El zorrino que habita en el sur se diferencia de su pariente del norte por la coloración más clara del dorso (marrón en los zorrinos sureños y negro en los del centro y norte del país).

La rica avifauna de los ambientes acuáticos asociados al bosque

Las cuencas lacustres asociadas al bosque templado andino- patagonico, representadas por los grandes lagos San Martín, Roca y Argentino, se caracterizan porque aún conservan su condición de oligotróficos; es decir, sus aguas son cristalinas con escasa producción de algas y bajas concentraciones de nutrientes, particularmente de nitrógeno y fósforo. A pesar de ello, estos inmensos espejos de agua, junto a otros de menor envergadura, son utilizados por la fauna silvestre (aves acuáticas en general) como sitios de asentamiento o descanso. En aquellas márgenes donde las aguas bañan la vegetación, la cantidad de alimento disponible es mayor, lo cual favorece la presencia de un número más alto de especie. Un escena que seguramente atrae a los numerosos turistas que visitan el Parque Nacional Los Glaciares es la proporcionada por un sector muy visible del Lago Argentino, desde el camino que une la localidad de El Calafate con el Glaciar Perito Moreno. Allí se reúne una gran variedad de anseriformes (patos y cisnes), gruiformes (gallaretas) y podicipediformes ( macáes), que invita a recorrer las orillas y deleitarse con sus singulares habitantes.

Con la llegada de la primavera y a medida que la temperatura ambiental aumenta, las altas cubres de la cordillera comienzan a ceder el agua de deshielo lentamente, la que se va infiltrando o escurriendo por la superficie.
El agua que desciende por los chorrillos incrementa el nivel de las pequeñas lagunas. Esto coincide con la llegada de las aves migradoras y el despertar reproductivo de las residentes, que encuentran en estos espejos refugio, alimento y en muchos casos la vegetación necesaria para confeccionar sus nidos.

Un anátido muy especial, ya que vive en los cursos de agua turbulentos de la cordillera, es el pato de los torrentes (Merganetta armata), donde nada contra la corriente, asentándose sobre rocas emergentes para descansar.
Otros, como los cauquenes comunes (Chlöephaga picta), aprovechan las pasturas circundantes al bosque para asentarse y reproducirse, para lo cual camuflan sus nidos entre la vegetación. Cuando los pichones comienzan a desplazarse, los adultos los llevan a las lagunas donde practican la natación, fundamental para la supervivencia de la camada, ya que utilizan esta vía de escape ante la presencia de un predador. Las aguas internas de estos ambientes acuáticos les brindan la seguridad necesaria para los pichones, que son muy vulnerables en esta época.
En cambio, el cauquén real (Chloephaga poliocephala) es el único miembro de este género que se relaciona más íntimamente con el ambiente boscoso, pudiendo nidificar en los huecos de los árboles. Se los encuentra en grupos menos numerosos que el anterior y en ocasiones forman bandadas mixtas. Se distingue unos de otros porque la cabeza y el cuello en el real son de color gris ceniciento, mientras que en los cauquenes comunes, son blancos en los machos y amarronados en las hembras.

En sitios húmedos como los mallines o a orillas de los ríos son frecuentes los ostreros australes (Haematopus leucopodus), fácilmente reconocible por su largo pico de color anaranjado, de un tamaño que duplica la longitud de la cabeza.

 

Cisne de Cuello negro (Cygnus melancoryphus)
Foto Archivo Dirección de Fauna Silvestre. CAP

Ostrero austral (Haematopus leucopodus)
Foto Archivo Dirección de Fauna Silvestre. CAP

Bibliografía: El Gran Libro de la Provincia de Santa Cruz. Editorial Centro Alfa Literario. Milenio Ediciones

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